Dathan May

Dathan May
"La mejor manera de expresar la mala ostia es con una sonrisa... mientras te cargas lo primero que pilles contra la puta pared"

sábado, 12 de septiembre de 2009

Red Bourbon (6)

VI


Lo malo de los buenos momentos es que, una vez pasados, no puedes volver a recuperarlos. Ahora, aquellos buenos y malos momentos volvían a aflorar en mi cabeza, como suaves notas musicales llenas de dolor.


No volví a acostarme con Rose desde aquella noche. Es más, ahora la trataba de una manera distinta. Cuando nos encontrábamos, simplemente la miraba a los ojos y, de vez en cuando, hablábamos.


-¿Por qué ya no quieres hacer el amor conmigo?


-Nunca hemos hecho el amor, solo hemos follado- Le respondí


-Tu me entiendes, Jath...


-Por que tu y yo estamos enamorados de personas distintas, no sería justo...


-¿Para nosotros?


-No, para ellos.


Por otro lado, Ander se daba cuenta de que yo estaba cambiando, y no sabía si eso era bueno o malo. Estaba empezando a admitir que amaba a Celia. Si amo, soy débil. Y si soy débil, me hacen daño.


Los encuentros en la discográfica de Celia y míos eran muy fugaces. Apenas nos encontrábamos en los pasillos y bajábamos los dos la cabeza. O nos sentabamos juntos en una reunión y ni nos mirábamos. Estábamos comidos por los sentimientos, pero... ¿por cuales?


Y por las noches, otra vez solo, en mi cuarto, bebiendo y recordando mi época de joven, cuando aprendí a tocar la guitarra, cuando no pensaba en follarme a todo ser viviente. Antes de cambiar y madurar. Pero... ¿maduré o solo me volví mas crío?.


El señor Haggins, al fin, nos hizo firmar un contrato de debut. Parecía mentira, pero ya hacía seis meses de mi primer encuentro con Celia en aquella discográfica. Y ya era hora de hacernos un contrato fijo. Hasta ahora, nos habían proporcionado alojamiento y la discográfica nos pagaba lo justo para comer, pero con el contrato fijo ya era otra cosa. El alojamiento seguiría siendo nuestro, pero nos pagarían mucho mas.


-Os he preparado un pequeño debut. Hoy es 9, 9 de septiembre. Vuestro disco saldrá al mercado el 9 de octubre. Tenemos un mes para los preparativos. Si firmáis hoy, esta tarde grabaremos un pequeño adelanto para los anuncios de televisión y, en cuanto esté acabado, comenzaremos los preparativos.


En esos seis meses, había aprendido a hablar y entender el inglés tan fluidamente que lo entendía casi como si hablase español. No nos lo pensamos nada, simplemente firmamos.


-Vamos tíos, va, que ya casi lo tenemos- Decía James.- A la fama... ¡Dios! ¡Qué ganas!


James parecía vivir ajeno a todo el lío entre Ander, Rose y yo. Pero bien pensado... no había ningún lío. Rose y yo solíamos desahogarnos por no poder admitir que amábamos a quienes amábamos.


Era de noche, estaba en mi habitación. Al final, habíamos firmado. Ya eramos propiedad de una discográfica. Ahora eramos simples marionetas bajo los hilos de una empresa que solo buscaba dinero. Pero eramos marionetas que tocaban de puta madre.


Tenía sueño, hacía mucho que no tenía sueño. Estaba dispuesto a acostarme cuando oí que llamaban a mi puerta. Era ya costumbre que todas las noches me llamasen, así que ya no me molestó ir a ver quien era. Esperaba a rose, o a Ander, pero no era ninguno de ellos.


Era James


-James- Dije, extrañado- ¿Que pasa?


-Es Rose, tío, algo le pasa.


Puse cara de sorprendido. James se la tragó y me dijo que le siguiese. James sabía tragarse mis mentiras. Sin embargo, estab realmente sorprendido... ¿Por qué no me importaba nada que Rose estuviese mal? Y sobre todo... ¿Por que me hacía esa pregunta?


Llegamos a la puerta de la habitación de rose. Estaba abierta. James y yo entramos y vimos a Rose de rodillas en el suelo, abrazada a Ander, que estaba agachado abrazandola.


-¿Que ha pasado?- Pregunté


-No lo se, oí ruidos y vine a ver, con Ander.- Dijo James- Nos la encontramos llorando


-Ha tenido una pesadilla- Dijo Ander, sin dejar de abrazar a Rose y sin mirarnos.-Marchaos, esto es entre nosotros dos.


James iba a replicar, pero yo le cogí del brazo. El me miró y asentí. Sin decir nada, salimos del cuarto y cerramos la puerta. James apoyó su espalda en la pared, frente a la puerta. Fue bajando poco a poco, hasta que quedó sentado en el suelo. Sacó de su bolsillo un paquete de tabaco. Una caja negra rezaba en letras grises “Noir Éternité”. Sacó un cigarrillo largo completamente negro, y con una banda dorada que separaba el filtro del tabaco y se lo puso en la boca. Buscó en sus bolsillos


-No tengo fuego- Me dijo


-Yo sí


Saqué mi zippo y se lo encendí. La gran llama azul producida por el Jack Daniels no le sorprendió. Simplemente acercó la punta del cigarrillo a la llama con la boca y aspiró. Cerré el mechero con un movimiento rápido de muñeca y me senté a su lado.


-¿No vas a dormir?- Le pregunté


-No puedo dormir, tronco- James hablaba como un macarra. Quizás por que su hermano lo era. Siempre le había admirado a pesar del odio acérrimo de este por la música Rock. Por lo tanto, aunque su acento era mínimo, se le había pegado la “jerga”.


-¿Por Rose?- Le pregunté


-No se que te piensas, Jath. Quizás piense que vivo ajeno a vuestra “novela”


-Esto no es una novela, James, es la vida real- Le dije- En las novelas, los protagonistas hacen el amor alegremente con la persona que aman tras pasar muchas dificultades. Pero las dificultades de la vida real no son como los de la ficción. A veces, por mucho que te esfuerces, no las consigues pasar.


-Esta tarde Rose entró en mi cuarto-Dijo James, rascándose la cabeza- Estaba descolocada. No podía hablar, tan solo se ha sentado.


-¿Has follado con ella?- Pregunté


-Lo ha intentado, pero no la he dejado. Su estado era preocupante, Jath. Algo le pasa a Rose.


-Así que no vives ajeno a vuestra novela... ¿Eh?


-No, aunque solo soy un simple lector.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Red Bourbon (5)

Para Andrea. Nos hemos conocido esta noche, pero ha sido agradable compartir ese rato contigo. Espero que nos volvamos a encontrar y espero que hayas rescatado mi dirección de tu libreta donde guardabas el texto de Vicente Verdú- Solo me queda decirte... ¿Para que escribir? Efectivamente, para pasar el rato.

V


Jath se marchó de mi cuarto a las 10 de la mañana. No teníamos nada planificado y por eso el podría irse tranquilamente y descansar un poco. Su despertar fue tranquilo. Le debía de doler la cabeza por la resaca, pero Jath nunca exteriorizaba eso si no era cuando se acostaba con alguna mujer.


Se levantó y, tambaleándose, se dirigió contra la puerta. Antes de llegar, perdió el equilibrio, pero se apoyó en la puerta y no cayó. Sin moverse, me dijo.


-No le habrás contado nada a Rose sobre esto... ¿Verdad?


-¿Por qué le iba a decir nada?- Pregunté, fingiendo estar extrañado


-Porque la amas. Y odias que nos acostemos juntos, aunque solo sea por puro placer.


Tras decir esto, se marchó. Yo me senté en el sofá donde el había estado durmiendo. Encendí un cigarrillo de los que tenía ya liados en mi tabaquera y me recosté. ¿Acaso Jath no se fiaba de mi? ¿O lo decía solo para recordarme lo que yo sentía por Rose, y que debía decírselo ya antes de que ella se olvidase de que Jath es Jath y se enamorase de el?


Recordé como, una hora antes, estaba yo tomándome un café irlandés. Oí que llamaban a la puerta y me levanté a abrir. Era Rose,estaba vestida de fiesta, para salir. Sus interminables piernas, rosadas y jugosas, caían como cascadas hasta sus pies. Ella estaba fumando, un cigarrillo. Disimulé la cara de asco al pensar como podía aguantar esa mierda, y la invité a pasar.


-¿Quieres un café irlandés?- Le pregunté cortesmente.


-No estaría mal- Respondió ella, muy seca. ¿Estaría pensando en Jath? ¿En su torso desnudo, en su boca junto a la suya? Si Jath hubiese sido otro, me habría puesto enfermo. Pero yo sabía que Jath no amaba a Rose, y Rose también lo sabía. Yo sabía que Jath era incapaz de amar, pero sin embargo, amaba a Celia.


Le serví el café irlandés y me senté a su lado a tomármelo junto a ella. Durante un rato, estuvimos en silencio, bebiendo cada uno sorbos irregulares y cortos. Finalmente, ella se decidió a hablar.


-¿Que le pasa a Jath?- Me preguntó, sin mirarme, cerrando los ojos mientras daba un sorbo de café al acabar de hablar.


-¿Por que no se lo preguntas tu? -”Mientras folláis” quería decir. Y se lo hubiese dicho si el otro no hubiese sido Jath. No se lo dije por que le conocía, no por educación.


-No me respondería nada.


-¿Y por qué, si el no te respondería nada, he de hacerlo yo?- No respondió. Simplemente calló, mirando su taza de café, pegó otro sorbo y después añadió.


-¿Nos acostamos?


Sí”, quise decirle, pero... ¿Qué suponía ello? Yo la amaba, y hacer el amor con ella en esa situación me destrozaría. Además, estaba en juego su dignidad. Rose vale mucho mas que para acostarse con el primero que encuentra solo por placer. Intenté buscar la broma en sus ojos, pero no podía verla. Intuía que sus ojos eran serios y melancólicos.


-¿No vas a salir de fiesta?- Le pregunté


-Me he puesto así para ti...


¿No sería para Jath?”. Otra vez tuve la sensación de decirlo, pero esta vez...


-¿No será para Jath?


-No, a el no le gustan estas cosas. Solo soy un cuerpo para él...


-El también es un cuerpo para ti, y lo sabes.


-A veces me gustaría pensar otra cosa... pero no puedo...


Se acercó a besarme, pero yo aparté la cara, no sin dolor. Ella abrió los ojos y me miró, muy seriamente. Se acercó, gateando sobre el sofá, haciendo que me tumbase, y se quedó de rodillas encima de mí.


-¿Acaso no quieres?


-Sabes que sí


-¿Y por que no lo haces?


-Por dignidad, Rose. Algo que tu perdiste hace mucho, y que me gustaría que volvieses a encontrar.


-Estoy buscándola, esta noche, contigo.


-Acostarte conmigo no es una forma de encontrar la dignidad


-Lo sería si te amase, ¿no?.


Aparté la mirada de ella y no dije nada mas. Ella se levantó y, sin darle un último sorbo a su café irlandés, salió por la puerta, dejando su cigarrillo consumido en el cenicero, no le había dado ni una calada desde que entró. ¿Acaso no querría que su boca supiese a tabaco cuando me besara?


miércoles, 2 de septiembre de 2009

Red Bourbon (4)

IV

Aquella noche, el día de mi reencuentro con Celia, no podía dormir. Intenté conciliar el sueño bebiendo, pero fue a peor. No se por que la temía tanto. Quizás por que llevaba años sin verla. Quizás por que ella era diferente.

Salí de mi cuarto a las tres de la madrugada. Anduve hasta la puerta de la habitación de Ander. Quería llamar, quería hablar con él, pero no pude. Empecé a recordar aquella mañana.

Celia y yo nos quedamos mirándonos durante unos segundos. A mi me parecieron años. No los veía, pero sabía que Ander me miraba con preocupación y que Rose me miraba con celos. Durante un instante, recordé a Rose encima de mi, apoyando su zapato de tacón en mi pecho. Pero no era Rosa a quien veía, era a Celia.

Tuve la misma reacción que el día anterior. Corrí por los pasillos hasta que encontré un baño. Me encerré dentro y me lié un cigarrillo. No me quedaban filtros, así que cogí un billete de metro antiguo, corté un trozo y fabriqué un filtro de cartón. Aspiré lentamente, pero el humo no hizo calmar mis nervios. Alguien aporreaba la puerta pero no le hice el menor caso. Volví a aspirar, pero nada.

-¡Jath, Jath! Por el amor de dios, sal- Era la voz de Ander

-No puedo tío-Le dije desde dentro

-No me jodas, macho- Me gritó- Eres el tío mas frío que conozco... ¿Te vas a achantar por una piba a la que hace años que no ves?.

-No me hables como si fueses Rose.

Se calló. No volví a escucharle, supuse que se había ido. Me senté y me acabé el cigarrillo lentamente. Tenía miedo de salir fuera. Llevaba toda una vida fingiendo ser lo que no soy, y tenia miedo de dejar de fingir por ella. Respiré lentamente, le eché cojones y salí afuera.

No llamé a la puerta de Ander. En su lugar, caminé lentamente hacia otra y golpeé. Salió a recibirme en camisón, con un cigarro en la boca, unas bragas negras y descalza. Parecía que Rose me estuviese esperando.

Nos acostamos en su cama y empezamos a danzar sutílmente entre las sábanas. En mi mente no era Rose. No era Celia. Simplemente erá algo con lo que estaba follando.

Rose estaba dormida, abrazada a mi. Yo no, yo estaba despierto. Nunca dejaba a nadie dormir a mi lado, y Rose no iba a ser una excepción. Ahora me sentía mal por habermela tirado solo para desahogarme. Yo no era así, no debería sentir eso... ¿O sí?

Me levanté con cuidado de no despertarla, no quería que se pusiese preguntona. Rose era muy celosa, y eso hacía que me sintiese aún mas ruin... ¡No, no, no! Yo no soy así.

Salí de su cuarto cerrando la puerta suavemente. Miré mi reloj, eran las cinco de la mañana. ME acercé hasta mi puerta con paso lento y tambaleante. El whisky que me había bebido me mareaba aun mas. Y me hacía recordar.

Me desplomé en el suelo, al lado de la puerta de mi habitación. Un sabor amargo y asqueroso apareció en mi boca. No pude soportarlo mas y vomité. Empecé a toser duramente. Temía despertar a Rose por que se enfadaría. Seguramente me vería en el suelo y empezaría a pegarme patadas, Rose era muy sádica.

Oía a alguien acercarse lentamente. Cada vez las pisadas sonaban mas fuerte. Levanté todo lo que pude mi cara salpicada de vomito y vi a Ander. Me miraba muy seriamente. No fumaba, y cuando el no fumaba era por algo.

Me ayudó a levantarme, y me llevó hasta su cuarto. Me tumbó en el sofá y preparó un café con leche bien caliente. Se sentó en una silla, al lado de mi, y me dio el café.

-Tienes que parar esto- Me dijo, mirandome fijamente a los ojos, con su mirada tranquila pero severa de echar sermones. A veces parecía mi padre.

-Lo se- Le tuve que dar la razón. Cuando la tenía, la tenía.

-Mira tío, no te dije nada cuando empezaste a fumar por que yo empecé antes que tu...

-No empecé a fumar por ti

-Pero si te pasaste al de liar por que lo hacía yo. Cuando empezaste a beber mas de lo mismo... Pero esta vez no pienso permitir que te destroces a ti mismo.

-Pareces mi padre. O mi hermano mayor

-Casi lo soy- Me dijo quitandome el vaso de café ya vacío y poniendolo sobre la mesa.

-¿Por que coño te preocupas tanto por mi?- Me dijo

-¿Acaso no harías tu lo mismo por mi?

-No

-Mientes mas que hablas

-Y tú hablas como Rose.

Miró hacia otro lado. Yo ya perdí el sentido. Me dolía mucho la cabeza, y mañana no teníamos nada planeado, era de descanso. Así que dormí, dormí como había querido dormir horas atrás, pero con una vomitona, un sermón y un polvo de mas.