VI
Lo malo de los buenos momentos es que, una vez pasados, no puedes volver a recuperarlos. Ahora, aquellos buenos y malos momentos volvían a aflorar en mi cabeza, como suaves notas musicales llenas de dolor.
No volví a acostarme con Rose desde aquella noche. Es más, ahora la trataba de una manera distinta. Cuando nos encontrábamos, simplemente la miraba a los ojos y, de vez en cuando, hablábamos.
-¿Por qué ya no quieres hacer el amor conmigo?
-Nunca hemos hecho el amor, solo hemos follado- Le respondí
-Tu me entiendes, Jath...
-Por que tu y yo estamos enamorados de personas distintas, no sería justo...
-¿Para nosotros?
Por otro lado, Ander se daba cuenta de que yo estaba cambiando, y no sabía si eso era bueno o malo. Estaba empezando a admitir que amaba a Celia. Si amo, soy débil. Y si soy débil, me hacen daño.
Los encuentros en la discográfica de Celia y míos eran muy fugaces. Apenas nos encontrábamos en los pasillos y bajábamos los dos la cabeza. O nos sentabamos juntos en una reunión y ni nos mirábamos. Estábamos comidos por los sentimientos, pero... ¿por cuales?
Y por las noches, otra vez solo, en mi cuarto, bebiendo y recordando mi época de joven, cuando aprendí a tocar la guitarra, cuando no pensaba en follarme a todo ser viviente. Antes de cambiar y madurar. Pero... ¿maduré o solo me volví mas crío?.
El señor Haggins, al fin, nos hizo firmar un contrato de debut. Parecía mentira, pero ya hacía seis meses de mi primer encuentro con Celia en aquella discográfica. Y ya era hora de hacernos un contrato fijo. Hasta ahora, nos habían proporcionado alojamiento y la discográfica nos pagaba lo justo para comer, pero con el contrato fijo ya era otra cosa. El alojamiento seguiría siendo nuestro, pero nos pagarían mucho mas.
-Os he preparado un pequeño debut. Hoy es 9, 9 de septiembre. Vuestro disco saldrá al mercado el 9 de octubre. Tenemos un mes para los preparativos. Si firmáis hoy, esta tarde grabaremos un pequeño adelanto para los anuncios de televisión y, en cuanto esté acabado, comenzaremos los preparativos.
En esos seis meses, había aprendido a hablar y entender el inglés tan fluidamente que lo entendía casi como si hablase español. No nos lo pensamos nada, simplemente firmamos.
-Vamos tíos, va, que ya casi lo tenemos- Decía James.- A la fama... ¡Dios! ¡Qué ganas!
James parecía vivir ajeno a todo el lío entre Ander, Rose y yo. Pero bien pensado... no había ningún lío. Rose y yo solíamos desahogarnos por no poder admitir que amábamos a quienes amábamos.
Era de noche, estaba en mi habitación. Al final, habíamos firmado. Ya eramos propiedad de una discográfica. Ahora eramos simples marionetas bajo los hilos de una empresa que solo buscaba dinero. Pero eramos marionetas que tocaban de puta madre.
Tenía sueño, hacía mucho que no tenía sueño. Estaba dispuesto a acostarme cuando oí que llamaban a mi puerta. Era ya costumbre que todas las noches me llamasen, así que ya no me molestó ir a ver quien era. Esperaba a rose, o a Ander, pero no era ninguno de ellos.
Era James
-James- Dije, extrañado- ¿Que pasa?
-Es Rose, tío, algo le pasa.
Puse cara de sorprendido. James se la tragó y me dijo que le siguiese. James sabía tragarse mis mentiras. Sin embargo, estab realmente sorprendido... ¿Por qué no me importaba nada que Rose estuviese mal? Y sobre todo... ¿Por que me hacía esa pregunta?
Llegamos a la puerta de la habitación de rose. Estaba abierta. James y yo entramos y vimos a Rose de rodillas en el suelo, abrazada a Ander, que estaba agachado abrazandola.
-¿Que ha pasado?- Pregunté
-No lo se, oí ruidos y vine a ver, con Ander.- Dijo James- Nos la encontramos llorando
-Ha tenido una pesadilla- Dijo Ander, sin dejar de abrazar a Rose y sin mirarnos.-Marchaos, esto es entre nosotros dos.
James iba a replicar, pero yo le cogí del brazo. El me miró y asentí. Sin decir nada, salimos del cuarto y cerramos la puerta. James apoyó su espalda en la pared, frente a la puerta. Fue bajando poco a poco, hasta que quedó sentado en el suelo. Sacó de su bolsillo un paquete de tabaco. Una caja negra rezaba en letras grises “Noir Éternité”. Sacó un cigarrillo largo completamente negro, y con una banda dorada que separaba el filtro del tabaco y se lo puso en la boca. Buscó en sus bolsillos
-No tengo fuego- Me dijo
-Yo sí
Saqué mi zippo y se lo encendí. La gran llama azul producida por el Jack Daniels no le sorprendió. Simplemente acercó la punta del cigarrillo a la llama con la boca y aspiró. Cerré el mechero con un movimiento rápido de muñeca y me senté a su lado.
-¿No vas a dormir?- Le pregunté
-No puedo dormir, tronco- James hablaba como un macarra. Quizás por que su hermano lo era. Siempre le había admirado a pesar del odio acérrimo de este por la música Rock. Por lo tanto, aunque su acento era mínimo, se le había pegado la “jerga”.
-¿Por Rose?- Le pregunté
-No se que te piensas, Jath. Quizás piense que vivo ajeno a vuestra “novela”
-Esto no es una novela, James, es la vida real- Le dije- En las novelas, los protagonistas hacen el amor alegremente con la persona que aman tras pasar muchas dificultades. Pero las dificultades de la vida real no son como los de la ficción. A veces, por mucho que te esfuerces, no las consigues pasar.
-Esta tarde Rose entró en mi cuarto-Dijo James, rascándose la cabeza- Estaba descolocada. No podía hablar, tan solo se ha sentado.
-¿Has follado con ella?- Pregunté
-Lo ha intentado, pero no la he dejado. Su estado era preocupante, Jath. Algo le pasa a Rose.
-Así que no vives ajeno a vuestra novela... ¿Eh?
-No, aunque solo soy un simple lector.
Creo que me he enganchado XD
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