VIII
Quería pensar que el amor no existe, que solo es un conjunto de sentimientos que tienen la importancia que nosotros le demos. Llevaba queriendo pensar eso años. Pero ahora toda esa torre de babel temblaba, por que sus cimientos casi estaban destruidos.
Faltaba apenas una hora para nuestro debut musical en pantalla. Fuimos en una pequeña limusina hacia el estudio de televisión. Los asientos eran cómodos, pero la situación no tanto. Yo estaba sentado entre Rose y Ander, qué ironía.
James me miraba fijamente mientras bebía de una botella de agua. También pensaba en eso, en que él estaba sufriendo al ver como se desmoronaba nuestras relaciones, y tenía miedo que algo que le ilusionaba tanto como es nuestro grupo se disolviese. Por culpa de eso, la emoción de nuestra aparición en un programa de audiencia media se había apagado casi completamente en él.
El automóvil se detuvo lentamente frente a una gran puerta metálica que llevaba al plató del programa en cuestión. Salimos lentamente de la limusina. Ni James ni Rose llevaban instrumento – Cosa normal por otra parte, ya que es difícil transportar una batería así que James iba a usar una puesta por el programa – Pero yo si que llevaba mi vieja Les Paul en la funda, colgada a la espalda. Caminamos lentamente hacia el interior del estudio, recorriendo juntos caminos tan distintos.
Celia debería de estar esperando en el aeropuerto para volver a España. Ella estaba lejos, la cual cosa me tranquilizó. Aun estaba sorprendido por aquella actitud que tomó hacia mí en mi apartamento. Antes de entrar me encendí un cigarrillo y aspiré lentamente, saboreando el dulce cáncer que bajaba lentamente por mis bronquios hasta mis pulmones, llenándolos de niebla mortífera antes de volver a salir.
Nos recibieron la presentadora y uno de los regidores del programa. Nos preguntaron que qué íbamos a tocar.
-Habíamos pensado en tocar un solo tema, “I need you to hurt me”.- Dijo Ander en perfecto inglés. Cada día lo entendía mejor.
-Bueno-Dijo el regidor- El programa empieza dentro de cinco minutos y dura cincuenta. Vosotros saldréis los últimos 5 minutos. Teneis casi una hora para hacer un último ensayo y prepararos.
Aquella canción la compuso Ander con mi ayuda. A él le gusta decir que la compusimos juntos, pero yo odio componer. Es como si te encerrasen en una jaula y te obligasen a bailar al son de la música que más odias.
Entramos en un camerino conjunto. James sacó sus baquetas de la bolsa y comenzó a mirar una batería que había allí. Rose sonrió fugazmente mirándolo, y pasó su mirada a Ander, que se estaba fumando un cigarrillo. Ander no le sonrió, le miró seriamente. Rose bajó la mirada, no me miró a mi, aunque sabía que yo si lo hacía.
-¿Estáis todos preparados?- Preguntó Ander
-Estoy mas nervioso que Jack el Destripador antes de matar a su primera ramera.- Dije, intentando reprimir las ganas de beberme un vaso de whisky. Rose se rió para si misma.
Teníamos que salir ya a escena. James cogió las baquetas con la boca, Rose agarró el bajo que había al lado de la puerta y yo me colgué mi Les Paul a la espalda. Teníamos la oportunidad de comernos el mundo, y no íbamos a desperdiciarla.
El público permanecía quieto, expectante, mirándonos a nosotros. La presentadora nos estaba presentando con palabras infundadas, ya que en su puta vida había escuchado nada nuestro. Pronunció las palabras “Red Bourbon” y los aplausos nacieron. Eran aplausos vacíos, falsos, pronto los íbamos a llenar.
Ander se aproximó al micrófono e hizo un ademán de abrir la boca. Pero solo guiñó un ojo y se aparto dejándome paso a mí. Me puse un cigarrillo en la boca, y sin encederlo, acaricié con los dedos las cuerdas del mástil.
Comencé con unos suaves punteos en tono de Jazz, suaves, agudos, penetrantes. La gente se quedó perpleja, algunos dejaron de hablar entre sí y se limitaron a mirarme. Dirigí la mirada hacia ellos mientras acababa la secuencia de notas manteniendo el dedo sobre el traste 16 de la tercera cuerda. Saqué mi Zippo del bolsillo y lo encendí. La intensa llama azul provocada por el alcohol del whisky se fundió con el sonido de la nota aun sonando, distorsionada por como agitaba la cuerda con el dedo. Detuve la nota y encendí el cigarrillo. Todas y cada una de las almas de aquella sala se habían emocionado, y las personas estaban tan perplejas que solo pudieron gritar y aplaudir hasta que casi se les desgarraba la garganta y los dedos les sangraban.
La música me corría por las venas en lugar de la sangre. No sentía no calor ni frío, mis pies no estaban posados en el suelo sino que se elevaban mas allá de las nubes. Comencé a marcar unos ritmos menos Jazz y mas Grunge mientras Ander susurraba suavemente al micrófono “Your lips are like sweet knives”. Rose tocaba con gracia y carisma el bajo, inmóbil desde su posición. La miré discretamente sin desconcentrarme en mi ritmo. James tambien era correcto en su ejecución. La batería, el bajo y la guitarra ahora se unían en un solo ente dentro de mi cuerpo, del cuerpo de Rose, el de James y el de Ander, y el de todos los espectadores.
Ander susurró un poco mas de la canción. “Your teeth make you the goddess of mine”. Seguía con mis acordes Grunge para la base de la voz de Ander. Pronunció la siguiente línea “The blood are splashing your nails”. Detuve los acordes y empecé con un suave punteo entre los trastes diez y catorce de todas las cuerdas.
En ese instante mi mente abandonó aquel lugar. Me imaginé a mi mismo en la cama con la diva que se describía en nuestra canción. Aquella diva de dientes sensuales y uñas rojas, afiladas y con sangre tenía una cara, y un nombre: Celia.
Estuve a punto de desconcentrarme pero pillé el ritmo justo a tiempo para la siguiente frase, “Please take me to your sweet hell”. Volvió a darse más importancia a mi guitarra. Aumenté la contundencia del punteo sin moverme de la zona. Ander respiró y volvió a cantar la canción, pero yo me quedé perplejo mirando al público.
Parecía un espejismo y pensé que así lo era, por que lo que mis ojos estaban viendo era imposible. Mis dedos iban solos, no le prestaba atención a la guitarra. Abrí tanto la boca que mi cigarro casi se cayó al suelo. Pero ahí estaba, tapada por una cortina de humo que salía de la punta de mi palito mortal. Entre el público estaba Celia
Ella me miraba, yo le devolvía la mirada. Ni Rose, ni James ni Ander se dieron cuenta de mi situación, por que yo no desentonaba. Seguía el ritmo como concentrado, pero yo no estaba a lo que tenía que estar, Celia me sonrió y se dio la vuelta.
Comenzó a caminar lentamente entre la multitud. Mi mente volvió a escuchar la voz de Ander cantando el último estribillo de la canción. “I need you to hurt me, I need you to drop me”. Esa música acompañaba aquella escena como si fuese una escena memorable de una película de Quentin Tarantino. “Chop me Slowly”. Celia salió de la sala, dejandome a mi perplejo, solo ante la multitud. Ander pronunció las ultimas palabras de la canción “Bungle that I beg you from the Death”. Justo volví en mi y rematé la canción con notas punteadas muy agudas, como si la guitarra llorase. La gente aplaudió y se volvió loca, les habíamos encantado. Siempre creí que en esa situación me sentiría como Santana en Woodstock, pero no fue así.
Rematé la canción con notas punteadas muy agudas, como si la guitarra llorase. Pero la que realmente lloraba era mi alma.