Dathan May

Dathan May
"La mejor manera de expresar la mala ostia es con una sonrisa... mientras te cargas lo primero que pilles contra la puta pared"

miércoles, 21 de octubre de 2009

Red Bourbon (8)

VIII



Quería pensar que el amor no existe, que solo es un conjunto de sentimientos que tienen la importancia que nosotros le demos. Llevaba queriendo pensar eso años. Pero ahora toda esa torre de babel temblaba, por que sus cimientos casi estaban destruidos.


Faltaba apenas una hora para nuestro debut musical en pantalla. Fuimos en una pequeña limusina hacia el estudio de televisión. Los asientos eran cómodos, pero la situación no tanto. Yo estaba sentado entre Rose y Ander, qué ironía.


James me miraba fijamente mientras bebía de una botella de agua. También pensaba en eso, en que él estaba sufriendo al ver como se desmoronaba nuestras relaciones, y tenía miedo que algo que le ilusionaba tanto como es nuestro grupo se disolviese. Por culpa de eso, la emoción de nuestra aparición en un programa de audiencia media se había apagado casi completamente en él.


El automóvil se detuvo lentamente frente a una gran puerta metálica que llevaba al plató del programa en cuestión. Salimos lentamente de la limusina. Ni James ni Rose llevaban instrumento – Cosa normal por otra parte, ya que es difícil transportar una batería así que James iba a usar una puesta por el programa – Pero yo si que llevaba mi vieja Les Paul en la funda, colgada a la espalda. Caminamos lentamente hacia el interior del estudio, recorriendo juntos caminos tan distintos.


Celia debería de estar esperando en el aeropuerto para volver a España. Ella estaba lejos, la cual cosa me tranquilizó. Aun estaba sorprendido por aquella actitud que tomó hacia mí en mi apartamento. Antes de entrar me encendí un cigarrillo y aspiré lentamente, saboreando el dulce cáncer que bajaba lentamente por mis bronquios hasta mis pulmones, llenándolos de niebla mortífera antes de volver a salir.


Nos recibieron la presentadora y uno de los regidores del programa. Nos preguntaron que qué íbamos a tocar.


-Habíamos pensado en tocar un solo tema, “I need you to hurt me”.- Dijo Ander en perfecto inglés. Cada día lo entendía mejor.


-Bueno-Dijo el regidor- El programa empieza dentro de cinco minutos y dura cincuenta. Vosotros saldréis los últimos 5 minutos. Teneis casi una hora para hacer un último ensayo y prepararos.


Aquella canción la compuso Ander con mi ayuda. A él le gusta decir que la compusimos juntos, pero yo odio componer. Es como si te encerrasen en una jaula y te obligasen a bailar al son de la música que más odias.


Entramos en un camerino conjunto. James sacó sus baquetas de la bolsa y comenzó a mirar una batería que había allí. Rose sonrió fugazmente mirándolo, y pasó su mirada a Ander, que se estaba fumando un cigarrillo. Ander no le sonrió, le miró seriamente. Rose bajó la mirada, no me miró a mi, aunque sabía que yo si lo hacía.


-¿Estáis todos preparados?- Preguntó Ander


-Estoy mas nervioso que Jack el Destripador antes de matar a su primera ramera.- Dije, intentando reprimir las ganas de beberme un vaso de whisky. Rose se rió para si misma.


Teníamos que salir ya a escena. James cogió las baquetas con la boca, Rose agarró el bajo que había al lado de la puerta y yo me colgué mi Les Paul a la espalda. Teníamos la oportunidad de comernos el mundo, y no íbamos a desperdiciarla.


El público permanecía quieto, expectante, mirándonos a nosotros. La presentadora nos estaba presentando con palabras infundadas, ya que en su puta vida había escuchado nada nuestro. Pronunció las palabras “Red Bourbon” y los aplausos nacieron. Eran aplausos vacíos, falsos, pronto los íbamos a llenar.


Ander se aproximó al micrófono e hizo un ademán de abrir la boca. Pero solo guiñó un ojo y se aparto dejándome paso a mí. Me puse un cigarrillo en la boca, y sin encederlo, acaricié con los dedos las cuerdas del mástil.


Comencé con unos suaves punteos en tono de Jazz, suaves, agudos, penetrantes. La gente se quedó perpleja, algunos dejaron de hablar entre sí y se limitaron a mirarme. Dirigí la mirada hacia ellos mientras acababa la secuencia de notas manteniendo el dedo sobre el traste 16 de la tercera cuerda. Saqué mi Zippo del bolsillo y lo encendí. La intensa llama azul provocada por el alcohol del whisky se fundió con el sonido de la nota aun sonando, distorsionada por como agitaba la cuerda con el dedo. Detuve la nota y encendí el cigarrillo. Todas y cada una de las almas de aquella sala se habían emocionado, y las personas estaban tan perplejas que solo pudieron gritar y aplaudir hasta que casi se les desgarraba la garganta y los dedos les sangraban.


La música me corría por las venas en lugar de la sangre. No sentía no calor ni frío, mis pies no estaban posados en el suelo sino que se elevaban mas allá de las nubes. Comencé a marcar unos ritmos menos Jazz y mas Grunge mientras Ander susurraba suavemente al micrófono “Your lips are like sweet knives”. Rose tocaba con gracia y carisma el bajo, inmóbil desde su posición. La miré discretamente sin desconcentrarme en mi ritmo. James tambien era correcto en su ejecución. La batería, el bajo y la guitarra ahora se unían en un solo ente dentro de mi cuerpo, del cuerpo de Rose, el de James y el de Ander, y el de todos los espectadores.


Ander susurró un poco mas de la canción. “Your teeth make you the goddess of mine”. Seguía con mis acordes Grunge para la base de la voz de Ander. Pronunció la siguiente línea “The blood are splashing your nails”. Detuve los acordes y empecé con un suave punteo entre los trastes diez y catorce de todas las cuerdas.


En ese instante mi mente abandonó aquel lugar. Me imaginé a mi mismo en la cama con la diva que se describía en nuestra canción. Aquella diva de dientes sensuales y uñas rojas, afiladas y con sangre tenía una cara, y un nombre: Celia.


Estuve a punto de desconcentrarme pero pillé el ritmo justo a tiempo para la siguiente frase, “Please take me to your sweet hell”. Volvió a darse más importancia a mi guitarra. Aumenté la contundencia del punteo sin moverme de la zona. Ander respiró y volvió a cantar la canción, pero yo me quedé perplejo mirando al público.


Parecía un espejismo y pensé que así lo era, por que lo que mis ojos estaban viendo era imposible. Mis dedos iban solos, no le prestaba atención a la guitarra. Abrí tanto la boca que mi cigarro casi se cayó al suelo. Pero ahí estaba, tapada por una cortina de humo que salía de la punta de mi palito mortal. Entre el público estaba Celia


Ella me miraba, yo le devolvía la mirada. Ni Rose, ni James ni Ander se dieron cuenta de mi situación, por que yo no desentonaba. Seguía el ritmo como concentrado, pero yo no estaba a lo que tenía que estar, Celia me sonrió y se dio la vuelta.


Comenzó a caminar lentamente entre la multitud. Mi mente volvió a escuchar la voz de Ander cantando el último estribillo de la canción. “I need you to hurt me, I need you to drop me”. Esa música acompañaba aquella escena como si fuese una escena memorable de una película de Quentin Tarantino. “Chop me Slowly”. Celia salió de la sala, dejandome a mi perplejo, solo ante la multitud. Ander pronunció las ultimas palabras de la canción “Bungle that I beg you from the Death”. Justo volví en mi y rematé la canción con notas punteadas muy agudas, como si la guitarra llorase. La gente aplaudió y se volvió loca, les habíamos encantado. Siempre creí que en esa situación me sentiría como Santana en Woodstock, pero no fue así.


Rematé la canción con notas punteadas muy agudas, como si la guitarra llorase. Pero la que realmente lloraba era mi alma.

domingo, 4 de octubre de 2009

Red Bourbon (7)

VII


Al día siguiente, el episodio del ataque de Rose estaba olvidado, al menos aparentemente. Ella me miraba, pero cuando le devolvía la mirada ella bajaba la cabeza o apartaba los ojos. En el fondo estaba preocupado por ella. Solo era sexo para mí, pero también era una amiga, una bajista, una compañera.

Los encuentros con Celia cada vez eran menos incómodos, ella pasaba completamente de mí y yo de ella. Ahora me centraba en los hilos con los que el señor Haggins nos dirigía y con los cuales ganaría mucho dinero si nosotros queríamos.

A primera hora tuvimos un ensayo. El señor Haggins quería que tocásemos dos canciones en una especie de concierto a pequeña escala. La discográfica lo había preparado todo para que diésemos un concierto en un programa de televisión de éxito. Ander me preguntó, al igual que a todos los demás, qué temas podríamos tocar. Eso a mi me daba igual, así que no elegí. Yo simplemente me dedicaba a tocar.

Decidimos ensayar dos temas, “Red Sex” y “I need you to hurt me”. A James le gustaba definir nuestra música como un nuevo tipo de Rock, el “Fetish Rock”. Yo lo veía muy exagerado por su parte, hacernos “creadores” de un nuevo estilo de música. Cierto es que nuestros temas siempre tratan de sexo salvaje, fetichismo y sadomasoquismo, pero había otros grupos que también trataban esos temas y no se colgaban medallas.

Mientras tocaba durante el ensayo, le dí vueltas a la cabeza a la conversación entre James y yo. El era algo más de lo que yo me pensaba, no era simplemente un batería que tocaba con nosotros y después se apagaba como si fuese un robot. El también tenía sentimientos, también sufría, también vivía, aunque de forma distinta, nuestra extraña historia.

Acabamos de ensayar a las 2. Después, saldríamos a hacer ejercicio, un poco de footing. Pero antes, tuvimos un descanso de media hora. James vino hacia mí y me dijo que quería hablar a solas.

-¿Como estás?- Me preguntó

-¿Qué te hace pensar que no debería de estar bien?

-Quizás el hecho de que yo no esté bien.- Esperó a que yo le preguntase que qué le pasaba, pero nunca formulé esa pregunta. Ayer, anoche, antes de que Rose tuviese ese... “ataque”, mi novia me llamó.

-Sigue en España, ¿no?

-Sí, y precisamente por eso me llamó. Dijo que llevábamos mucho tiempo lejos el uno del otro y que quería acabar con esto. Me lo hubiese creído si no hubiese oído la voz de otro hombre.

-Vamos, que te ha puesto los cuernos.

-Exacto. Pero no me importa. Siempre supe que ella era alguien más, no ese “alguien”

“Ese alguien”. En ese instante, pensé en Celia. ¿Acaso ella era “ese alguien”? No lo sabía, ni quería saberlo. Yo no quería tener a “ese alguien”.

Cuando acabamos de correr, nos dijeron que a las 7 volveríamos a tener otro ensayo. El programa donde nosotros salíamos se emitiría en tres días. Teníamos que ensayar mucho.

Eran las tres de la tarde y teníamos hambre. Nos ibamos a ir a comer todos juntos a un restaurante, pero cuando salíamos del estudio, alguien me tocó el brazo. Me giré. Era Celia.

-¿Podemos hablar?

-Voy a comer- Le dije- Ya hablaremos en otra ocasión.

-Yo tampoco he comido.

No sé cómo me dejé convencer, pero acabé comiendo con Celia. Fuimos a mi apartamento y allí cociné algo. Celia me miraba desde el sofá, con cierto aire juguetón.

-No sabía que cocinases- Me dijo

-No sabía que comieses- Le contesté.

Preparé un poco de carne con una ensalada y nos sentamos a comer en el sofá. Ella comía en silencio, sin mirarme. Yo no podía evitar lanzarle algunas miradas mientras masticaba. Al cabo de un rato, no aguanté mas.

-¿De qué quieres hablar?

-¿Acaso te importa?

-No finjas que no me conoces y que te crees la fachadita de “Jath el malote”.

-Tienes razón- Dijo, tras soltar una risita tonta- Te conozco y se cómo eres. Por eso me das tanta pena...

-Has venido a insultarme, a comer o...

Iba a decir “a follar”. Durante unos instantes, me olvidé que era Celia y pensé que era Rose. Aparté la mirada de ella bruscamente y volví a masticar un trozo de carne. Ella me miró. No me giré hacia ella, pero podía sentir como me miraba con pena.

-Me han destinado a España. Voy a volver- Me dijo al cabo de un rato

-Supongo que eso te alegrará- Le dije- Así no tendrás que sentir pena cada vez que me veas.

-Voy a estar fuera un año.- Dijo. Ya había acabado su plato. Se puso de rodillas sobre el sofá y se acercó a mi. El tenedor y el cuchillo se me cayeron al suelo. Quise apartarme, levantarme y huir de ella, pero no pude. Acercó su boca a la mía lentamente, pensaba que me iba a besar. Pero en el último momento, se desvió y fue hacia mi oreja.- En una año volveremos a vernos, espero que para entonces hayas tomado una decisión.

-¿Una decisión?- Ahora sí, me levanté muy cabreado- ¿Qué coño decisión? Yo vivo mi vida como me sale de las pelotas, ¿te enteras, niñata?. No me comas la cabeza ahora con tomar decisiones. Lo nuestro ocurrió, pero pasó. Queda atrás, y ya no volverá a estar.

-¿En serio?- Se levantó lentamente y caminó hacia mí. Yo me alejaba de ella tan lentamente como ella se acercaba a mí. Acabé contra la pared, ella se acercó a mi y me besó, apasionadamente, como nos besábamos cuando eramos jóvenes. Ella seguía entrecerrando los dientes demasiado, a mi lengua le costaba pasar hacia su boca. Pero eso me encantaba, me seguía encantando desde que lo probé por primera vez. Acabó el beso y susurró “¿Seguro?

Salió de la habitación sin decir nada más. Había vivido situaciones como esa miles de veces, pero nunca desde ese punto de vista.