VII
Al día siguiente, el episodio del ataque de Rose estaba olvidado, al menos aparentemente. Ella me miraba, pero cuando le devolvía la mirada ella bajaba la cabeza o apartaba los ojos. En el fondo estaba preocupado por ella. Solo era sexo para mí, pero también era una amiga, una bajista, una compañera.
Los encuentros con Celia cada vez eran menos incómodos, ella pasaba completamente de mí y yo de ella. Ahora me centraba en los hilos con los que el señor Haggins nos dirigía y con los cuales ganaría mucho dinero si nosotros queríamos.
A primera hora tuvimos un ensayo. El señor Haggins quería que tocásemos dos canciones en una especie de concierto a pequeña escala. La discográfica lo había preparado todo para que diésemos un concierto en un programa de televisión de éxito. Ander me preguntó, al igual que a todos los demás, qué temas podríamos tocar. Eso a mi me daba igual, así que no elegí. Yo simplemente me dedicaba a tocar.
Decidimos ensayar dos temas, “Red Sex” y “I need you to hurt me”. A James le gustaba definir nuestra música como un nuevo tipo de Rock, el “Fetish Rock”. Yo lo veía muy exagerado por su parte, hacernos “creadores” de un nuevo estilo de música. Cierto es que nuestros temas siempre tratan de sexo salvaje, fetichismo y sadomasoquismo, pero había otros grupos que también trataban esos temas y no se colgaban medallas.
Mientras tocaba durante el ensayo, le dí vueltas a la cabeza a la conversación entre James y yo. El era algo más de lo que yo me pensaba, no era simplemente un batería que tocaba con nosotros y después se apagaba como si fuese un robot. El también tenía sentimientos, también sufría, también vivía, aunque de forma distinta, nuestra extraña historia.
Acabamos de ensayar a las 2. Después, saldríamos a hacer ejercicio, un poco de footing. Pero antes, tuvimos un descanso de media hora. James vino hacia mí y me dijo que quería hablar a solas.
-¿Como estás?- Me preguntó
-¿Qué te hace pensar que no debería de estar bien?
-Quizás el hecho de que yo no esté bien.- Esperó a que yo le preguntase que qué le pasaba, pero nunca formulé esa pregunta. Ayer, anoche, antes de que Rose tuviese ese... “ataque”, mi novia me llamó.
-Sigue en España, ¿no?
-Sí, y precisamente por eso me llamó. Dijo que llevábamos mucho tiempo lejos el uno del otro y que quería acabar con esto. Me lo hubiese creído si no hubiese oído la voz de otro hombre.
-Vamos, que te ha puesto los cuernos.
-Exacto. Pero no me importa. Siempre supe que ella era alguien más, no ese “alguien”
“Ese alguien”. En ese instante, pensé en Celia. ¿Acaso ella era “ese alguien”? No lo sabía, ni quería saberlo. Yo no quería tener a “ese alguien”.
Cuando acabamos de correr, nos dijeron que a las 7 volveríamos a tener otro ensayo. El programa donde nosotros salíamos se emitiría en tres días. Teníamos que ensayar mucho.
Eran las tres de la tarde y teníamos hambre. Nos ibamos a ir a comer todos juntos a un restaurante, pero cuando salíamos del estudio, alguien me tocó el brazo. Me giré. Era Celia.
-¿Podemos hablar?
-Voy a comer- Le dije- Ya hablaremos en otra ocasión.
-Yo tampoco he comido.
No sé cómo me dejé convencer, pero acabé comiendo con Celia. Fuimos a mi apartamento y allí cociné algo. Celia me miraba desde el sofá, con cierto aire juguetón.
-No sabía que cocinases- Me dijo
-No sabía que comieses- Le contesté.
Preparé un poco de carne con una ensalada y nos sentamos a comer en el sofá. Ella comía en silencio, sin mirarme. Yo no podía evitar lanzarle algunas miradas mientras masticaba. Al cabo de un rato, no aguanté mas.
-¿De qué quieres hablar?
-¿Acaso te importa?
-No finjas que no me conoces y que te crees la fachadita de “Jath el malote”.
-Tienes razón- Dijo, tras soltar una risita tonta- Te conozco y se cómo eres. Por eso me das tanta pena...
-Has venido a insultarme, a comer o...
Iba a decir “a follar”. Durante unos instantes, me olvidé que era Celia y pensé que era Rose. Aparté la mirada de ella bruscamente y volví a masticar un trozo de carne. Ella me miró. No me giré hacia ella, pero podía sentir como me miraba con pena.
-Me han destinado a España. Voy a volver- Me dijo al cabo de un rato
-Supongo que eso te alegrará- Le dije- Así no tendrás que sentir pena cada vez que me veas.
-Voy a estar fuera un año.- Dijo. Ya había acabado su plato. Se puso de rodillas sobre el sofá y se acercó a mi. El tenedor y el cuchillo se me cayeron al suelo. Quise apartarme, levantarme y huir de ella, pero no pude. Acercó su boca a la mía lentamente, pensaba que me iba a besar. Pero en el último momento, se desvió y fue hacia mi oreja.- En una año volveremos a vernos, espero que para entonces hayas tomado una decisión.
-¿Una decisión?- Ahora sí, me levanté muy cabreado- ¿Qué coño decisión? Yo vivo mi vida como me sale de las pelotas, ¿te enteras, niñata?. No me comas la cabeza ahora con tomar decisiones. Lo nuestro ocurrió, pero pasó. Queda atrás, y ya no volverá a estar.
-¿En serio?- Se levantó lentamente y caminó hacia mí. Yo me alejaba de ella tan lentamente como ella se acercaba a mí. Acabé contra la pared, ella se acercó a mi y me besó, apasionadamente, como nos besábamos cuando eramos jóvenes. Ella seguía entrecerrando los dientes demasiado, a mi lengua le costaba pasar hacia su boca. Pero eso me encantaba, me seguía encantando desde que lo probé por primera vez. Acabó el beso y susurró “¿Seguro?
Salió de la habitación sin decir nada más. Había vivido situaciones como esa miles de veces, pero nunca desde ese punto de vista.
No me gusta mucho Celia, aunque no se sabe prácticamente nada de ella, pero así de buenas a primeras, no me gusta su actitud con Jath, pero bueno, supongo que es porque lo veo todo desde su punto de vista y porque me gusta el personaje. XD
ResponderEliminarVoy a seguir.