Dathan May

Dathan May
"La mejor manera de expresar la mala ostia es con una sonrisa... mientras te cargas lo primero que pilles contra la puta pared"

sábado, 28 de noviembre de 2009

Red Bourbon (11)

Lo es desde que la guitarra es mi amante.

XI.


Me desperté con un ligero dolor de cabeza y de garganta. Después de nuestro pequeño concierto en televisión, montamos una gran fiestas y las fans me pedían cantar. Aunque la mayoría de chicas se centraban mas en Jath. El había bebido mucho mas de lo que ha llegado a beber en su vida. Es normal, puesto que cuando estaba casi acabando la canción, vi como Celia salía de la sala donde tocábamos. Y estaba seguro de que Jath también la había visto.


Me puse un pantalón vaquero y una camiseta blanca y fui hacia el comedor. Intenté no hacer mucho ruido, preparé café para dos y mientras pegaba pequeños sorbos al mío, solo, le eché un poco de leche al segundo. Me acerqué lentamente hasta el sillón y le ofrecí la segunda taza al cuerpo que allí dormía.


-Buenos días.


-Buenos días- Me contestó Rose.


Rose también había bebido mucho, y tras el ataque que tuvo, no me parecía bien dejarla sola en esas circunstancias. Me había dormido hace apenas un par de horas, el resto de la noche la pasé vigilando a Rose. Tuvo un sueño muy plácido. Parecía un ángel, de piel lisa y pura, de rostro perfecto y de una belleza insuperable. Si dios existiese, sin duda para mí seria Rose.


-¿Remordimientos?- Dije, juguetonamente, intentando despertarla con una sonrisa.


-¿Lo dices por lo que bebí o por la mierda de vida que llevo últimamente?


-¿Sabes qué es lo que más me fastidia? Que estás así por mi culpa.


-Fuiste un verdadero cabrón, Ander. Estos últimos años, me he ido perdiendo yo sola. Y mi droga era Jath, muchos ven como que el se aprovecha de mí, pero yo también me aprovechaba de él. Y todo por que, aunque quiera amarte como antes, no puedo.


-¿Por que no puedes perdonarme?


-No, por que tú no puedes perdonarte a tí mismo


Me fui de allí cogiendo tan solo mi tabaco y una chaqueta. Rose volvió a acostarse y yo simplemente paseé por los callejones mas estrecho de aquella Londres vacía, donde la gente se oculta detrás de su ropa, de su trabajo, de los vasos llenos de alcohol y de los cigarrillos. Y solo pensaba mientras andaba.


Recordé años pasados, cuando yo aun era un niño que iba a coro por obligación de sus padres. No tenía la edad de un niño, pero sí la mentalidad. Todo comenzó Aquel comienzo de curso en el que la etapa de estudios se ponía mas difícil. Todo requería mas trabajo y dedicación. Pero eso no era lo único que cambió aquel año.


Cuando entré en aquella clase vacía, que no había sido llenada en tres meses, y me senté en una mesa de la segunda fila, al lado de Rose, justo delante de mí se sentó un chaval sin cartera, con el pelo enmarañado y con actitud pasota. Miraba al vacío, como buscando algo que hacía mucho que había perdido. Rose y yo nos miramos, extrañados ante la actitud de aquel chico, y como podía haber pasado de curso.


Según pasaban los días, empecé a conocer mejor a ese chico. Cuando le preguntábamos su nombre, no quería decirlo. Cuando los profesores pasaban lista, nunca le mencionaban, había habido un error en las matriculas y su nombre no salía en las listas oficiales. Pero aquel chico siempre se negaba a dar un nombre.


Siempre que un profesor preguntaba algo, el tenía la respuesta. Era un chaval absolutamente inteligente, calmado y frío. Empecé a interesarme cada vez más y más por él. Un día, al sonar el timbre del recreo, me acerqué a el mientras recogía los libros, libretas y miles de papeles arrugados de su mesa.


-¿Qué te ha pasado en los dedos?- Observé que los tenía llenos de heridas. El se los miró y sin levantar la vista de ellos, respondió:


-Es lo que tiene la guitarra, te hace sangrar los dedos y también el alma.


-Yo me llamo Manuel


-Me lo has dicho muchas veces- Me dijo, secamente, sin ninguna intención oculta


-¿Y tú como te llamas?


Me miró en silencio unos segundos, suponía que se iba a ir, pero para mi sorpresa, respondió:


-Jath, Jath Daniels.


-¿Ese es tu verdadero nombre?


Levantó la palma silencioso, mostrando las heridas de sus dedos.


-Lo es desde que la guitarra es mi amante.


viernes, 6 de noviembre de 2009

Red Bourbon (10)

X.


Es como un cigarrillo. El principio siempre es lo mejor, después lo sientes entrar lentamente en ti, te embriaga y finalmente lo exteriorizas, lo expulsas. Y una vez acabado, se pierde para siempre, hasta que vuelves otra vez a el. Así es la música.


Entró la luz. Y era de día y yo estaba tumbado en la cama de mi apartamento. Todo estaba revuelto, como si una manada de bestias hubiese pasado por ese mismo cuarto. Todo me daba vueltas, la cabeza no estaba donde tenía que estar. LA noche anterior, tras acabar el concierto, se convirtió en un apocalipsis de alcohol y sexo. Necesitaba desahogarme, como siempre, y todo había quedado perdido en la memoria por el alcohol. Siempre necesitaba desahogarme.


Me tambaleé lentamente hacia el baño y me mojé la cara con agua fría. Sentí como si millones de agujas se clavasen por todo mi cuerpo. Tosí un par de veces y después vomité sobre la pila. Esperaba que llamasen a la puerta, esperaba que fuese Celia, esperaba solucionarlo todo. Por primera vez, quise que alguien llamase a mi puerta, pero cuando buscas algo es cuando no lo encuentras.


Miré el reloj. Me costó unos segundos distinguir que eran las dos de la tarde. Me encontraba perdido, ya no me importaba tiempo ni espacio. Estaba cayendo por un precipicio sin fin. Al fin y al cabo, la vida no es mas que un precipicio enorme, que piensas que es infinito, hasta que un día encuentras el suelo y te estampas sobre él. ¿No?


Me metí bajo la ducha y le dí al agua fría. Me estremecí y me retorcí cuando mi piel entró en contacto con la helada lluvia que caía sobre mí. Mi garganta hizo un sonido indescriptible mientras intentaba soportar el frío. Me dí prisa en ducharme secarme y vestirme. Lié unos cuantos cigarrillos y los guardé en una pitillera negra. Cogí mi zippo y salí a la calle.


Me perdí pro el laberinto urbano que es Londres. No miraba si iba a la izquierda o a la derecha, adelante o hacia atrás. No miraba nombres de calles, no miraba rostros de personas. No deberíamos hacerlo, nunca. Deberíamos vivir nuestra vida solo por nosotros mismos, sin preocuparnos por los demás, sin tener personas importantes. ¿Entonces por qué no podemos?


Anduve durante tanto rato que perdí el sentido del tiempo. Ni el hambre ni la sed venían hacía mí, solo una urgente necesidad de liberación, de acabar con todo, con esa mierda de vida que llevaba cada día. Me senté en un banco, enfrente de una peluquería, y me fumé uno de los cigarrillos que me había liado en los apartamentos. La noche anterior había sido un ídolo de masas, la gente se moría por estar conmigo, las mujeres querían poseerme o que yo las poseyera. Y ahora la gente pasaba frente a mí sin ni siquiera mirarme. Qué efímeras son estas cosas.


-Perdona, ¿Tienes papel?


Alcé la vista, era una mujer joven, de unos diecinueve años. Por un momento pensé que estaba en España, y que esa mujer se dirigía a mi en español. Que estaba en casa, que toda esta mentira no existía. Pero pronto comprendí que lo que me pasaba es que estaba acostumbrandome a ella, y cada día la entendía mejor, cada día era mas parte de mí.


-Eh... Sí, sí claro.


La mujer se sentó a mi lado y sonrió mientras sacaba papel de mi bolsillo y se lo dí. Dijo algo tan rápido que no pude comprenderlo. Tampoco comprendía muy bien la situación, me dolía la cabeza.


-¿Perdona? No te he entendido


-Que tienes mala cara- Repitió, mas despacio. Cogió el papel y sacó el tabaco y un filtro. Comenzó a liarselo allí, delante mía.- Es como si no hubieses dormido mucho, ni comido.


-Es lo que tenemos los vampiros, dormimos poco y solo nos alimentamos cuando hay presas cerca.- Dije, mientras me recostaba en el banco y aspiraba el cigarrillo.


-Si fueses un vampiro, no podrías estar frente a la luz del sol.- Chupó el papel y acabó de liarse el cigarrillo. Buscó por sus bolsillos algo que no encontraba. Saqué mi zippo y lo encendí delante de ella. Se asustó de la llama grande y azul, pero encendió su cigarrillo rápido. Cerré el zippo con un rápido movimiento de muñeca. - Es una llama muy grande y vistosa.


-Se necesita un fuego grande para proteger algo frío. El fuego es poderoso , lo devora todo a su paso hasta que se extingue. El hielo no, el hielo incluso se va auto-destruyendo solo.


-¿Tú te auto-destruyes solo, Jath?


-Vaya, pensaba que no me habías reconocido.


-Yo no soy como estos seres infelices que vagan por el mundo buscando realizar sus sueños egoístas. Yo los intento realizar, pero también conocer a los demás.


-No sé quien eres.


-Soy Ash, es todo lo que necesitas saber.


Ash me invitó a comer a un restaurante cercano. Eran las tres y media y ya no servía comida. Pero Ash me quitó un poco de dinero del bolsillo y sobornó al dueño. Nos sentaron en una mesa y a la media hora ya estabamos comiendo sobre unos platos mal lavados. Ella se pidió una cerveza para beber, yo agua.


-¿Así es como pretendes invitarme, quitándome el dinero del bolsillo?- Ella se rió ante mi pregunta. Era una mujer extraña.


-No te preocupes, lo que queda lo pago yo. Solo quería sber si estabas dispuesto a meterte dentro.


-¿Dentro de donde?


-De mí.


-No se quien te piensas que soy, pero la fama austera y desenfrenada de los músicos no siempre se corresponde con la realidad.


-En tu caso sí, ¿No, Jath? No te creas que no se que ya no te acuerdas de nada de anoche. ¿Tan borracho estabas?


-¿Me acosté contigo?


-Por desgracia, yo no puedo olvidarlo tan fácilmente.


-Cierto, las mujeres sois todas iguales, os perdeis por unos músculos bien definidos o la actitud de un capullo. Me dais asco.

-¿Y por que no lloras, Jath?


-¿Como?


-Siempre he sido una mujer muy empática. Cuando me acosté anoche contigo, noté que tenías ganas de llorar. En como te movías, en como me mirabas.


-¿Qué es lo que quieres?- Estaba empezando a tener miedo. Miedo delante de una mujer. Joder Celia, te has lucido.


-Repetir


-Nunca repito dos veces con la misma mujer.


-Pero para ti es como si nunca nos hubiesemos acostado juntos. ¿No?

lunes, 2 de noviembre de 2009

Red Bourbon (9)

IX.


La luz de la puerta de embarque 23 del aeropuerto de Chicago parpadeaba como un sentimiento que está muriendo en el fondo del corazón. Quedaban menos de diez minutos para poder embarcar y yo estaba sentado justo delante de la puerta, fumando un cigarro de liar. El pulso me temblaba. Miré de reojo el baño y el pulso se me fué un poco más.

-Vamos, hay que embarcar- Me dijo Ander sentándose a mi lado con una sonrisa. El también estaba fumando, pero su cigarrillo estaba mucho mas consumido que el mío. Lo tiró a un cenicero y me tocó en el hombro.- Vamos a volver y la vas a ver

-Lo sé, tío.- Le dije, no muy convencido.

-Ya lo aclarasteis, ¿no?- Me preguntó

-Sí

-Pero tu aun no lo has aclarado.

En ese momento apareció Rose sonriendo con una lata de coca-cola en la mano y llamó a Ander. Este me dió una última palmadita en la espalda y se levantó, dirigiéndose hacia ella. Yo los miraba seriamente mientras se abrazaban y después se daban un beso, antes de subir a la puerta de embarque. Jimmy se acercó a mí y me hizo señas de que subiésemos.

-Vamos tío, ya nos hemos comido los putos Estados Unidos de América, volvamos a Londres.

El avión se desprendió lentamente del suelo, elevándose en la inmensidad del cielo azul, llevando consigo decenas de almas con historias personales de amor, odio, sufrimiento y alegría. Yo estaba frente a un portátil, escribiendo algo, sentado al lado de Jimmy. Golpeaba con suavidad las teclas, mirándo con melancolía la pantalla. Aun recordaba el episodio de Sandy, en aquel momento lo disfruté como los demás, pero ahora no podía en mi de... no sé como se llama ese sentimiento.

¿Acaso ya estoy perdiendo mi identidad? ¿O la estoy recuperando? Aún recuerdo nuestra conversación antes de largarme y no sé si quiero reafirmarme o no. ¿Tú que opinas?

Pasó a mi lado una azafata que estaba muy buena. Movía su culo de lado a lado al andar y me hacía desear apretarlo con mis dedos, acariciarlo y disfrutarlo, justo al resto del cuerpo al cual no prestaba atención. La seguí con la mirada y me giré mirando por el pasillo. Pero dejé de mirarla en un momento, y me volví a centrar en la pantalla del ordenador. Resistí las ganas de seguirla y desahogarme con ella, y no sé por qué. No, no las resistí, mas bien no estaban.

Toda mi vida ha sido una mentira, y la única solución para poder salir de esa falacia era admitir que te amaba, que te amo, y estar contigo. Aún no se si agarrarme a esa solución y tragarme mi orgullo y mis miedos. No sé si cuando tome una decisión aún seguirás ahí. Ni siquiera sé si sigues ahora.

Desplegué la mirada por toda la pantalla del ordenador, releyendo el mensaje. Lentamente acerqué el puntero del ratón a la equis roja de la esquina superior derecha y presioné. “¿Está seguro de que quiere cerrar “Documento” sin guardar los cambios?”. Dudé durante unos instantes, pero presioné “Sí”.

-Es difícil ser valiente, ¿Eh?

-Creía que estabas dormido.

-Y lo estaba- Me dijo Jimmy- Jath, no me gusta como estás llevando las cosas. ¿Es por Ander y Rose?

-Lo único que siento al ver a Ander y Rose juntos es alegría. Alegría por no haberme enamorado de Rose cuando tuve la oportunidad. Alegría por ella , que por fin ha recuperado la dignidad. Y Alegría por Ander.

-No pareces tú. Jath siendo sincero sobre sus sentimientos.

Me giré y miré a Jimmy. Estaba durmiendo. Suspiré con fuerza y me eché para atrás el pelo, con las manos temblorosas. Ahora también me temblaba el labio. Dejé el portatil en la mesilla que sobresalía del asiendo de delante, donde estaba sentada Rose, y me dirigí al servicio. Ander me siguió con la mirada, mirándome con preocupación. Ninguno de los dos eramos tontos, sabíamos perfectamente a qué iba al baño.

Casi estaba el la puerta cual alguien me paró. Era la azafata que había mirado antes. Era rubia, natural. Tenía la cara rechoncha pero mona y era bajita. Me miró sorprendida y me dijo tartamudeando:

-¿Eres tu Jath? ¿Jath Daniels de Red Bourbon?

-Sí, soy yo.- Dije

-¿Me firmas un autógrafo?

Quise decirle que le haría otras cosas. Pero me limité a pedirle una libreta y un boli. Escribí suavemente “Algún día necesitaré que me hagas daño” y firmé. Se lo dí y ella sonró antes de volver al trabajo. La miré unos segundos y después entre al lavabo.

Me miré en el espejo. Estaba temblando, lo estaba empezando a ver todo borroso. Suspiré con fuerza una vez mas y saqué un trozo de papel de mi bolsillo y lo enrollé. Formando un tubo. Después dudé un segundo, pero finalmente saqué una bolsita. Una pequeña bolsita con cierre hermético, que contenía una pequeña cantidad de polvo blanco.

Lo ultimo que recuerdo fue la sensación de las fosas nasales, seguida del resto del cuerpo, junto con el sonido de la fuerte aspiración de la nariz.