X.
Es como un cigarrillo. El principio siempre es lo mejor, después lo sientes entrar lentamente en ti, te embriaga y finalmente lo exteriorizas, lo expulsas. Y una vez acabado, se pierde para siempre, hasta que vuelves otra vez a el. Así es la música.
Entró la luz. Y era de día y yo estaba tumbado en la cama de mi apartamento. Todo estaba revuelto, como si una manada de bestias hubiese pasado por ese mismo cuarto. Todo me daba vueltas, la cabeza no estaba donde tenía que estar. LA noche anterior, tras acabar el concierto, se convirtió en un apocalipsis de alcohol y sexo. Necesitaba desahogarme, como siempre, y todo había quedado perdido en la memoria por el alcohol. Siempre necesitaba desahogarme.
Me tambaleé lentamente hacia el baño y me mojé la cara con agua fría. Sentí como si millones de agujas se clavasen por todo mi cuerpo. Tosí un par de veces y después vomité sobre la pila. Esperaba que llamasen a la puerta, esperaba que fuese Celia, esperaba solucionarlo todo. Por primera vez, quise que alguien llamase a mi puerta, pero cuando buscas algo es cuando no lo encuentras.
Miré el reloj. Me costó unos segundos distinguir que eran las dos de la tarde. Me encontraba perdido, ya no me importaba tiempo ni espacio. Estaba cayendo por un precipicio sin fin. Al fin y al cabo, la vida no es mas que un precipicio enorme, que piensas que es infinito, hasta que un día encuentras el suelo y te estampas sobre él. ¿No?
Me metí bajo la ducha y le dí al agua fría. Me estremecí y me retorcí cuando mi piel entró en contacto con la helada lluvia que caía sobre mí. Mi garganta hizo un sonido indescriptible mientras intentaba soportar el frío. Me dí prisa en ducharme secarme y vestirme. Lié unos cuantos cigarrillos y los guardé en una pitillera negra. Cogí mi zippo y salí a la calle.
Me perdí pro el laberinto urbano que es Londres. No miraba si iba a la izquierda o a la derecha, adelante o hacia atrás. No miraba nombres de calles, no miraba rostros de personas. No deberíamos hacerlo, nunca. Deberíamos vivir nuestra vida solo por nosotros mismos, sin preocuparnos por los demás, sin tener personas importantes. ¿Entonces por qué no podemos?
Anduve durante tanto rato que perdí el sentido del tiempo. Ni el hambre ni la sed venían hacía mí, solo una urgente necesidad de liberación, de acabar con todo, con esa mierda de vida que llevaba cada día. Me senté en un banco, enfrente de una peluquería, y me fumé uno de los cigarrillos que me había liado en los apartamentos. La noche anterior había sido un ídolo de masas, la gente se moría por estar conmigo, las mujeres querían poseerme o que yo las poseyera. Y ahora la gente pasaba frente a mí sin ni siquiera mirarme. Qué efímeras son estas cosas.
-Perdona, ¿Tienes papel?
Alcé la vista, era una mujer joven, de unos diecinueve años. Por un momento pensé que estaba en España, y que esa mujer se dirigía a mi en español. Que estaba en casa, que toda esta mentira no existía. Pero pronto comprendí que lo que me pasaba es que estaba acostumbrandome a ella, y cada día la entendía mejor, cada día era mas parte de mí.
-Eh... Sí, sí claro.
La mujer se sentó a mi lado y sonrió mientras sacaba papel de mi bolsillo y se lo dí. Dijo algo tan rápido que no pude comprenderlo. Tampoco comprendía muy bien la situación, me dolía la cabeza.
-¿Perdona? No te he entendido
-Que tienes mala cara- Repitió, mas despacio. Cogió el papel y sacó el tabaco y un filtro. Comenzó a liarselo allí, delante mía.- Es como si no hubieses dormido mucho, ni comido.
-Es lo que tenemos los vampiros, dormimos poco y solo nos alimentamos cuando hay presas cerca.- Dije, mientras me recostaba en el banco y aspiraba el cigarrillo.
-Si fueses un vampiro, no podrías estar frente a la luz del sol.- Chupó el papel y acabó de liarse el cigarrillo. Buscó por sus bolsillos algo que no encontraba. Saqué mi zippo y lo encendí delante de ella. Se asustó de la llama grande y azul, pero encendió su cigarrillo rápido. Cerré el zippo con un rápido movimiento de muñeca. - Es una llama muy grande y vistosa.
-Se necesita un fuego grande para proteger algo frío. El fuego es poderoso , lo devora todo a su paso hasta que se extingue. El hielo no, el hielo incluso se va auto-destruyendo solo.
-¿Tú te auto-destruyes solo, Jath?
-Vaya, pensaba que no me habías reconocido.
-Yo no soy como estos seres infelices que vagan por el mundo buscando realizar sus sueños egoístas. Yo los intento realizar, pero también conocer a los demás.
-No sé quien eres.
-Soy Ash, es todo lo que necesitas saber.
Ash me invitó a comer a un restaurante cercano. Eran las tres y media y ya no servía comida. Pero Ash me quitó un poco de dinero del bolsillo y sobornó al dueño. Nos sentaron en una mesa y a la media hora ya estabamos comiendo sobre unos platos mal lavados. Ella se pidió una cerveza para beber, yo agua.
-¿Así es como pretendes invitarme, quitándome el dinero del bolsillo?- Ella se rió ante mi pregunta. Era una mujer extraña.
-No te preocupes, lo que queda lo pago yo. Solo quería sber si estabas dispuesto a meterte dentro.
-¿Dentro de donde?
-De mí.
-No se quien te piensas que soy, pero la fama austera y desenfrenada de los músicos no siempre se corresponde con la realidad.
-En tu caso sí, ¿No, Jath? No te creas que no se que ya no te acuerdas de nada de anoche. ¿Tan borracho estabas?
-¿Me acosté contigo?
-Por desgracia, yo no puedo olvidarlo tan fácilmente.
-Cierto, las mujeres sois todas iguales, os perdeis por unos músculos bien definidos o la actitud de un capullo. Me dais asco.
-¿Y por que no lloras, Jath?
-¿Como?
-Siempre he sido una mujer muy empática. Cuando me acosté anoche contigo, noté que tenías ganas de llorar. En como te movías, en como me mirabas.
-¿Qué es lo que quieres?- Estaba empezando a tener miedo. Miedo delante de una mujer. Joder Celia, te has lucido.
-Repetir
-Nunca repito dos veces con la misma mujer.
-Pero para ti es como si nunca nos hubiesemos acostado juntos. ¿No?
Oh, ella sí que es un personaje interesante. Menuda presencia! XD
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