XI.
Me desperté con un ligero dolor de cabeza y de garganta. Después de nuestro pequeño concierto en televisión, montamos una gran fiestas y las fans me pedían cantar. Aunque la mayoría de chicas se centraban mas en Jath. El había bebido mucho mas de lo que ha llegado a beber en su vida. Es normal, puesto que cuando estaba casi acabando la canción, vi como Celia salía de la sala donde tocábamos. Y estaba seguro de que Jath también la había visto.
Me puse un pantalón vaquero y una camiseta blanca y fui hacia el comedor. Intenté no hacer mucho ruido, preparé café para dos y mientras pegaba pequeños sorbos al mío, solo, le eché un poco de leche al segundo. Me acerqué lentamente hasta el sillón y le ofrecí la segunda taza al cuerpo que allí dormía.
-Buenos días.
-Buenos días- Me contestó Rose.
Rose también había bebido mucho, y tras el ataque que tuvo, no me parecía bien dejarla sola en esas circunstancias. Me había dormido hace apenas un par de horas, el resto de la noche la pasé vigilando a Rose. Tuvo un sueño muy plácido. Parecía un ángel, de piel lisa y pura, de rostro perfecto y de una belleza insuperable. Si dios existiese, sin duda para mí seria Rose.
-¿Remordimientos?- Dije, juguetonamente, intentando despertarla con una sonrisa.
-¿Lo dices por lo que bebí o por la mierda de vida que llevo últimamente?
-¿Sabes qué es lo que más me fastidia? Que estás así por mi culpa.
-Fuiste un verdadero cabrón, Ander. Estos últimos años, me he ido perdiendo yo sola. Y mi droga era Jath, muchos ven como que el se aprovecha de mí, pero yo también me aprovechaba de él. Y todo por que, aunque quiera amarte como antes, no puedo.
-¿Por que no puedes perdonarme?
-No, por que tú no puedes perdonarte a tí mismo
Me fui de allí cogiendo tan solo mi tabaco y una chaqueta. Rose volvió a acostarse y yo simplemente paseé por los callejones mas estrecho de aquella Londres vacía, donde la gente se oculta detrás de su ropa, de su trabajo, de los vasos llenos de alcohol y de los cigarrillos. Y solo pensaba mientras andaba.
Recordé años pasados, cuando yo aun era un niño que iba a coro por obligación de sus padres. No tenía la edad de un niño, pero sí la mentalidad. Todo comenzó Aquel comienzo de curso en el que la etapa de estudios se ponía mas difícil. Todo requería mas trabajo y dedicación. Pero eso no era lo único que cambió aquel año.
Cuando entré en aquella clase vacía, que no había sido llenada en tres meses, y me senté en una mesa de la segunda fila, al lado de Rose, justo delante de mí se sentó un chaval sin cartera, con el pelo enmarañado y con actitud pasota. Miraba al vacío, como buscando algo que hacía mucho que había perdido. Rose y yo nos miramos, extrañados ante la actitud de aquel chico, y como podía haber pasado de curso.
Según pasaban los días, empecé a conocer mejor a ese chico. Cuando le preguntábamos su nombre, no quería decirlo. Cuando los profesores pasaban lista, nunca le mencionaban, había habido un error en las matriculas y su nombre no salía en las listas oficiales. Pero aquel chico siempre se negaba a dar un nombre.
Siempre que un profesor preguntaba algo, el tenía la respuesta. Era un chaval absolutamente inteligente, calmado y frío. Empecé a interesarme cada vez más y más por él. Un día, al sonar el timbre del recreo, me acerqué a el mientras recogía los libros, libretas y miles de papeles arrugados de su mesa.
-¿Qué te ha pasado en los dedos?- Observé que los tenía llenos de heridas. El se los miró y sin levantar la vista de ellos, respondió:
-Es lo que tiene la guitarra, te hace sangrar los dedos y también el alma.
-Yo me llamo Manuel
-Me lo has dicho muchas veces- Me dijo, secamente, sin ninguna intención oculta
-¿Y tú como te llamas?
Me miró en silencio unos segundos, suponía que se iba a ir, pero para mi sorpresa, respondió:
-Jath, Jath Daniels.
-¿Ese es tu verdadero nombre?
Levantó la palma silencioso, mostrando las heridas de sus dedos.
-Lo es desde que la guitarra es mi amante.
!!! Otro salto inesperado, pero me parece que ya lo entiendo mejor.
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