Dathan May

Dathan May
"La mejor manera de expresar la mala ostia es con una sonrisa... mientras te cargas lo primero que pilles contra la puta pared"

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Dementes (0)

0 - Travis Lake: Una noche para olvidar

Cómo me gustaría volver al inicio del papel y volver a reescribirlo todo con mi pluma.

Apesta, todo está oscuro y no puedo ni verme las manos por la neblina provocada por el humo del tabaco, de todos los cigarrillos que hay esparcidos por ahí. Apenas alcanzo a ver el vaso bajo con hielo y whisky, bourbon, mejor dicho, que hay justo delante de mí. A lo largo de la barra de este oscuro bar hay fracasados iguales o mayores que yo, bebiendo para olvidar sus penas.

La radio está puesta, suena un éxito de Rock de los ochenta. Bebo un trago de rojo elixir, la boca me arde, el pecho también cuando trago, aunque el bourbon está jodídamente frío. Me duele la cabeza, estoy siendo obligado a tragar un humo que no es mío. Yo ya llevo tres años sin fumar. Fumar me trae malos recuerdos.

Por azar, giro la cabeza hacia la izquierda. Una chica rubia, de ojos muy claros y labios esponjosos y rojos está sentada a mi lado. El pelo le cae, formando bucles, su nariz es resultona, sus dientes blancos. Es alta, diría que mide mas o menos como yo. Lleva un vestido rojo, tan rojo como sus labios, y unos zapatos de tacón con el mismo color. Qué típico, parece un sueño, una ilusión, quizás lo sea.

Está rebuscando en su bolso, delante de ella hay un vaso, como el mío, vacío. La observo unos instantes, recorriendola con la mirada. Comprendo qué es lo que busca, chasqueo los dedos y digo.

-Camarero, un vaso de Jack Daniel's para la señorita.

Me mira, le miro. Me sonríe, le sonrío. El camarero le sirve el vaso de alcohol y ella le pega un trago suave.

-Ha sido muy amable- Me dice.

-Soy mayor, pero no tanto como para que me trates de usted.

-No puedo tutearle si no se su nombre.- Se está insinuando, Bonita forma de empezar la noche.

-Travis Lake, almenos así figura en el registro civil.

-¿Eres americano, Travis?- Me pregunta.

-Me temo que no se imitar el acento inglés tan bien como los nativos de aquí.

Se ríe. No se qué hace ella en un pub de mala muerte como es El Winchester, debe de estar muy desesperada, aun no se su nombre. Quizás debería...

-Yo te he dicho mi nombre, pero no se cual es el tuyo.

-Amanda- Me dice- Amanda Ford. Y a diferencia de tí. Yo sí que soy de Londres.

Una londinense en Londres, me pregunto si es que nunca ha conocido mundo, si nunca ha salido de esas cuatro paredes que solemos llamar “patria”. Miro a Amanda, contemplo esa sensualidad roja, que ya no está al alcance de un hombre achacado por la edad. Siempre pensé que sería peor, que a los casi 50 años no podría moverme, sentado en una silla de ruedas, alimentándome con tubos. Pero las cosas no eran así, eran mucho peores.

-Me gustan los maduritos interesantes como tú- Dijo, pegando un trago al vaso que le habían servido gracias a mí.

-Y tienes la delicadeza en el culo, puta guarra

-Me gusta que digas esas cosas tan bonitas

No sabía qué le había dicho, pero estaba seguro que las palabras que yo recordaba haber mencionado no habían salido de mi boca. La noche empezaba mal.

Amanda se recogió sobre si misma y apoyó su cabeza contra mi hombro. Suspiró unos segundos y el vello de todo mi cuerpo se erizó.

-Algún capullo ha dejado aparcado fuera un camión, y he tenido que aparcar mi choche tres calles mas abajo.

-Siento ser un capullo.- Dije, puesto que el camión era mío.

-No quería parecer grosera- En ese instante todo se volvió negro, y solo vi a Amanda mover sus labios, y pronunciar las palabras – Mátame esta noche, así me castigaras.

Parpadeé. Al volver a abrir los ojos, todo volvía a estar en su sitio, y Amanda seguía apoyando su cabeza con los ojos cerrados, ajena a todo lo que estaba pasando en mi cabeza.

Estaba muy borracha para conducir, ya había llegado al bar así. Pensé que era un milagro que no se hubiese matado con el coche. La ayudé a subir a mi camión, y allí se quedó dormida, en el asiento del copiloto. Toda la cabina apesta al alcohol, rezo para que ningún guardia de tráfico nos pare, abro la guantera y saco una pequeña libreta negra. Hojeo mas de sesenta páginas hasta llegar a una en blanco. Pongo la fecha de hoy, Diecisiete de Abril del año dos mil treinta y dos. Es curioso como el mundo en 50 años pasó de estar en constante progreso a no cambiar en absoluto. Recuerdo que cuando yo era niño, la gente soñaba con coches voladores, gente mas longeva y joven y un nivel de vida mayor. Pero todo era jodidamente igual desde hace veinte años. Así de mierda es el progreso.

Conduje hasta mi casa, la ayudé a bajar y la tumbé en mi cama. Ella se despertó y empezó a refunfuñar como una gata en celo. Se quitó suavemente los tacones, dejando ver unos pies lisos y perfectos. Me quedé embobado mirándolos, deseando empezar allí y no acabar hasta recorrer todo el cuerpo. Entré en el baño para lavarme la cara y despejarme un poco mientras Amanda se ponía más cómoda.

Abrí la tapa del váter y comencé a descargar todo el alcohol que había bebido, aunque no estaba ni la mitad de borracho que Amanda. Empecé a notar como un frío me abrazaba, haciendo que todos mis huesos se quebrasen y mis musculos se desgarrasen. Pero yo seguía de pie, frente a la tapa del váter.

Cuando acabé me giré y le vi. El pelo negro, oscuro como los ojos de Hades. Esbelta figura, alto y delgado, vestido con un traje negro, camisa blanca y corbata también negra. Tenía el pelo peinado hacia atrás y estaba recién afeitado. Y segregaba un olor maravilloso, como el olor de un campo infinito con mas de diez mil clases de flores olorosas en perfecta armonía.

-Adelante, Travis, ya sabes lo que tienes que hacer.

Observé el irónico contraste, el tán joven, bello y arreglado y yo viejo, canoso, con barba de tres días, ojeras en los ojos y temblores en las manos. Empecé a temblar con mas fuerza mientras le miraba, hasta que finalmente desapareció.

Entré en mi cuarto, todo oscuro, la cama al lado de la ventana, y al lado una cómoda. Y junto a la puerta, un equipo de música. Amanda de miró sonriente, yo le devolví la mirada y busqué entre mi discoteca cierto álbum. Lo saqué de su caja una vez lo encontré y lo puse en el equipo, bajé el volumen, cogí el mando del aparato de música y lo dejé encima de la cómoda.

Me tumbé encima de ella, mientras sonaba “Show must go on”. Rocé mis labios con los suyos y despues, con la nariz, aspirando su aroma, recorrí su cuerpo desnudo: su vientre, su ombligo, su entrepierna, sus rodillas, sis pies. Una vez llegué a la punta del dedo gordo, comencé a subir, dando suaves besos a cada zona por la que pasaba. Subí de nuevo por su entrepierna y su vientre hasta llegar a sus pechos. Los besé con dulzura mientras alargaba la mano hacia la cómoda.

-Sigue... Sigue- Gemía ella. Agarré el mando del equipo de música y subí el volumen. La voz de Freddie Mercury gritaba con pasión que el espectáculo debía continuar.- ¿Qué haces?- Preguntó

Arrojé el mando al suelo, haciendolo estallar en pedazos, y me puse encimas de ella. Le rodeé el cuello con mis manos y apreté. Los ojos se salían de mis cuencas, mis dientes se apretaban con tanta fuerza que parece que se iban a salir también. Mi semblante poco a poco se convertía en la de aquel visitante de pelo y traje negros, recién afeitado y de aroma embriagante. Yo lo observaba todo desde la puerta. Amanda se resistía, arañaba con fuerza la cara de su asesino, pero el dolor no notaba yo. Ella quería gritar, pero el leve sonido que podía llegar a emitir lo tapaba la apasionante música de Queen. El vecino golpeaba la pared, quejándose. Y mientras Amanda se revolvía sobre si misma, pidiendo vivir, por última vez, el joven me dijo:

-Estos putos vecinos, no tienen cultura musical.

Y cuando todo acabó, volví a encontrarme encima de ella, ahora muerta, y sabía que aunque yo hubiese visto como otro la mataba, su asesino era yo. Era yo y a la vez no lo era, por que aunque mi cuerpo fuese el que la estaba matando, no lo era la mente. Era su mente, la mente de un asesino, la mente de un Némesis.

Bajé el cuerpo de Amanda a mi camión, la senté en el asiento del copiloto y conduje durante horas, y horas, hasta llegar a tramos de la carretera donde apenas había vigilancia y aun menos civilización. Paré, cogí la libreta de la guantera y saqué el cuerpo de Amanda. Lo dejé en el suelo y lo arrastré hasta fuera de la carretera. Volví al camión a por gasolina y una cerilla. Rocié el cuerpo de Amanda lentamente y después encendí la cerilla. La miré fijamente, dudando de si debía hacerlo, pero finalmente lancé la cerilla contra su cuerpo, pero el viento apagó el fuego antes de que esta llegase a su objetivo.

-Qué mala suerte, ¿Eh?- Me susurró Némesis desde lo mas profundo de mi mente, acompañado de una risa horrible. Encendí otra cerilla y esta vez fui mas rápido a la hora de lanzarla, y el cuerpo de Amanda comenzó a incendiarse. Saqué mi libretita negra y un boli, fui a la primera hoja en blanco que había y escribí únicamente “Cómo me gustaría volver al inicio del papel y volver a reescribirlo todo con mi pluma”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario