Dathan May

Dathan May
"La mejor manera de expresar la mala ostia es con una sonrisa... mientras te cargas lo primero que pilles contra la puta pared"

martes, 29 de diciembre de 2009

Dementes (1)

1- Rebecca Lissman: Noches de luz.


Sintiendo el frío en mi pecho suelto el dulce regalo que a veces la cordura me ofrece. El sol aun no ha hecho ademán de surgir. Miro el reloj, solo son las cuatro de la mañana. Mi último recuerdo de la noche es mirar ese mismo reloj y ver que eran las tres y media. La cabeza retumba como si fuese un tambor. Pruebo mil y una posturas, pero ninguna me resulta cómoda.


Oigo un ruido fuera de la habitación. Me levanto, temblorosa, palpo la pared hasta encontrar el interruptor de la luz, y lo presiono. El fogonazo es tal que parece como si todo lo que hay a mi alrededor vaya a incendiarse de un momento a otro.


Observo lentamente la habitación. Todo es blanco y solo hay una cama en una esquina, también blanca. Está todo muy vacío, como si se hubiese acabado el mundo. No reconozco nada, así que dudo al acercarme, paso a paso, a la puerta, preguntándome donde están mi armario, mi mesita de noche con mi reloj. La puerta se alza ante mí, blanca, fría como el hielo. Extiendo la mano hasta el picaporte. Al tocarlo aparto la mano instintivamente: está ardiendo.


Me muerdo el labio, aguanto el dolor y oprimo el picaporte con fuerza. Intento bajarlo, pero está muy duro. Fuerzo y fuerzo, y finalmente va bajando lentamente. Empujo la puerta y la luz de la habitación blanca resalta con la oscuridad que hay fuera.


No se ve nada, todo está frío. Doy un paso y mi pie tropieza con algo. Me agacho lentamente a recogerlo, palpando el suelo en busca de ese objeto. Lo aferro con fuerza una vez lo he encontrado y lo levanto. En ese instante, una tenue luz aparece. Estoy al lado de una farola, que se acaba de encender. Poco a poco, todas las farolas se encienden, iluminando un parque que me resulta familiar. Miro lo que tengo en mis manos, es una pistola.


Mi primer impulso es soltarla, pero luego decido aferrarla fuertemente y comenzar a andar. Tirito de frío, todo me da vueltas por la falta de sueño. Comienzo a andar, paso a paso. En mi cabeza resuena el eco de un goteo incesante, que va cortando a cada gota mi piel como si fuese un bisturí. Comienzo a caminar lentamente, mientras el ruido se hace más fuerte.


Comienzo a oír un gruñido. Aferro mi arma y busco con mi mirada el origen del sonido. Veo como unos matorrales, a un lado del camino transitable, se mueven. De ellos, saltando la pequeña verja de metal de un color marrón oscuro, sale un perro blanco, muy pequeño, temblando de frío.


-Pequeño- Digo, sonriente. El alma se me tranquiliza y me agacho para llamarle e intentar consolarle. El perro me mira con pavor, temiendo la figura de una desconocida como yo. Intento sonreír, y digo con toda la dulzura posible- Ven, tranquilo.


El perro se acerca a mi dubitativo. Cuando está a mi alcance, le paso la mano suavemente por el lomo. Despues, le acaricio la oreja y finalmente el hocico. En cuanto intento apartar la mano, el perro me muerde. Sus colmillos se clavan en mi mano, derritiéndome de dolor. Todo está frio y, de nuevo, el calor emana de sus dientes, recorriendo todo mi cuerpo desde la herida de la mano, subiendo por el brazo y extendiéndose por todo mi cuerpo hasta llegar a mis pies y expandirse por el suelo de ese solitario y oscuro parque.


Golpeo al perro con la culata y suelta mi mano, pero salta sobre mi. ME sorprende que un perro tan pequeño pese tanto y tenga tanta fuerza. Intenta morderme en la cara, pero le paro con la mano que no sujeta la pistola. Hago fuerza y fuerza. No me queda otro remedio. Poso el cañon sobre su cabeza y aprieto el gatillo.


Un sonido estruendoso que se mantiene en el aire por segundos hace que me salpique de sangre. Me levanto corriendo, me limpio la sangre de la cara, asustada y asqueada. Busco el cadáver del perro, pero no está. Solo queda un charco de sangre en el suelo.


Continuo avanzando por el camino de baldosas que ahora me fijo que lleva guiándome. Poco a poco, la distancia entre las baldosas es mayor, dejando ver un suelo de tierra negra que en ocasiones parece que se mueve. Cuando me quiero dar cuenta, estoy descalza, y noto como el frío va recorriendo mi cuerpo otra vez. Empiezo a hartarme de esos cambios de temperatura, pero el camino ya está empezado, y no puedo volver a atrás.


De repente, en toda la oscuridad veo un edificio blanco, de forma rectangular, bastante bajo y ancho. Encima de una doble puerta de cristal descansa una cruz de un rojo sangre intenso. Delante de la puerta, un hombre sin rostro lleva una bata blanca, y diría que me mira, pero no tiene con que. Escucho en mi cabeza, salidas de ningún lugar, palabras de una voz que me resulta, como todo esto, conocida.


-Bienvenida, Rebecca


Me parece intuir una sonrisa en el hombre sin rostro. Todo es muy extraño. Según voy mirando la semblante de ese monstruo, un dolor empieza a crecer dentro de mí. Ya no siento no frío ni calor, solo dolor y mucho, mucho miedo.


-No la estas usando correctamente


Miro a mi mano y veo de nuevo la pistola. El dolor aumenta. No lo dudo un segundo, apunto hacia el hombre sin rostro y disparo. La bala desaparece, quizás nunca salió del cañón.


-Ese arma no es para atacar a los demás. Es para salvarte.


Todo empieza a derrumbarse lentamente, el escenario del hospital se derrumba pieza a pieza, como el rompecabezas que se encuentra en una mesa que está siendo volcada. Todo va desapareciendo menos yo, el hombre sin rostro, y la pistola. Empiezo a escuchar el ladrido suave del perro al que acabo de matar, y de pronto lo veo, vivo, acariciando con su cuerpo las piernas del doctor. Miro el arma, la elevo lentamente. Poso el cañón en mi sien, y aprieto el gatillo.


Sintiendo el frío en mi pecho suelto el dulce regalo que a veces la cordura me ofrece. Palpo la mesita de noche en busca del reloj y lo miro, son las cuatro de la mañana. Mi último recuerdo fuera de ese mundo de pesadilla es mirar ese mismo reloj y ver que eran las tres y media.


2 comentarios:

  1. ola daaath!!! soy almuu! a ver si te pasa por mi bloog!! ^.^

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  2. Pues me encantaría poder charlar contigo, te habrás podido hacer una ligera idea de lo que opino sobre cómo escribes y bueno me encantaría poder conocer un poco más de ti. Si quieres puedes agregarme al msn, porque hablar por comentarios del blog es un poco... tedioso diría yo.
    hp_5505@hotmail.com

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