Dathan May

Dathan May
"La mejor manera de expresar la mala ostia es con una sonrisa... mientras te cargas lo primero que pilles contra la puta pared"

domingo, 6 de diciembre de 2009

Red Bourbon (12)

XII.

¿Cuanto tardas en fumarte un cigarrillo? ¿Dos, quizás tres minutos? Es poco tiempo, pero el tiempo no se puede calificar como “mucho” o “poco”, por que en tres minutos pueden ocurrir muchas cosas: pueden morir miles de personas, puede engendrarse una vida, puede una persona dar sus primeras bocanadas de aire, decir sus primeras palabras. E incluso puede cambiar toda una vida.

-Sí, mama, Londres está muy bien. Sí, Sí, te estoy comprando muchos regalos. Nos veremos la semana que viene, te quiero mamá.

Cuando salí de mi habitación, Ash acababa de colgar el movil y seguía comiendo un gran bol de palomitas que se había preparado en el microondas de mi apartamento.

-Pensé que eras londinense, hablas muy bien el inglés

-Pero ahora hablo en español, ¿no?

-Entonces no te llamas Ashley

-No te dije Ashley, te dije Ash.

Sin sentarme, metí la mano en mi bolsillo y saqué un filtro. Ash me extendió un cigarro, ya liado, hecho por ella.

-Es Domingo, mentolado, es una buena marca

No dije nada y cogí el cigarro, me lo encendí y me fui a la cocina. Eché dos hielos en un vaso y los cubrí de bourbon. Di una calada al cigarrillo y después me bebí todo el vaso de un trago.

-Escucha, Ash, Tengo que salir a hacer cosas.

-Pensaba que te gustaba quedarte en casa tocando tu guitarra

-Mi Les Paul, y además, nunca te he dicho tal cosa. Salí de la cocina y me senté en el sofá. Ella se levantó de la silla donde estaba, con el bol de palomitas, y se sentó a mi lado. Metió una de sus delicadas manos en el bol, sacó un buen puñado de palomitas y fue cogiendolas una por una con la lengua. Cuando ya se hubo tragado cinco o seis, me miró con una sonrisa

-Nada mas verte te calé, Jath. Eres el tipo de persona que habla con los demás tomando la iniciativa, sin dejarte achantar. Pero en realidad eres un niño pequeño en busca del abrazo de su madre.

-Mira...

-Has dado con la horma de tu zapato.

Cogió una palomita con la lengua y se la introdujo en la boca, pero no la masticó. Me miró, sonriente, dejo el resto de palomitas de su mano en el bol y me besó. Pasó la palomita a mi boca y se separó. La mastiqué y me la tragué y entonces ella volvió a besarme. Pero solo me besaba, ni siquiera se puso encima mío. Dirigí mi mano hacia si cintura y la introduje debajo de su camiseta, pero entonces ella agarró mi muñeca, se separó de mi y me guiñó un ojo.

Recordé, sin saber por qué, en ese instante mi infancia, mas concretamente una conversación que tuvimos en una ocasión cuando eramos niños, poco despues de conocernos, Ander, Rose y yo.

-Así que te acabas de mudar desde...- Dijo Rose, a quien por esa época aun llamabamos Blanca

-Valencia- Respondí, bonita ciudad, pero llena de mierda hasta los topes.

-Tanto Blanca como yo nacimos aquí- Dijo Ander- Nos conocemos desde que somos niños

-¿Y por qué coño no salís juntos?

Ander y Rose se miraron fijamente unos segundos. Yo los miraba de forma impasible, sin darme cuenta de lo que significaban en realidad mis palabras.

Ander me contó, un poco mas tarde, que a él siempre le había gustado Rose. Empezó a contarme, día tras día, como la había conocido, cuando aun eran muy pequeños, como habían pasado muchas cosas jutnos y como ahora, en ansias de la pubertad, no paraba de pensar cada noche en ella. Yo fingía no comprender esos sentimientos, pero yo había empezado a manifestarlos por mi cuenta.

Había una chica en nuestra clase, no era amiga ni de Ander ni de Rose, ni tampoco de Jimmy, el llegó el curso siguiente. Esa Chica era alta y muy guapa y desde el primer día me miraba por el rabillo del ojo. Yo de vez en cuando me percataba y cuando la miraba, ella me sonreía.

Poco después de que Ander hablase abiertamente conmigo por primera vez y que yo le dijese que me llamaba Jath, esa chica se animó a acercarse a mi. Yo estaba sentado en un banco, bebiendo de una botella de agua, mirando como los demás chavales del patio del instituto jugaban como locos a la pelota o fumaban porros allí donde los profesores no podían verlos. Esa imagen me hartaba, pero pronto algo impidió mi visión.

-Es un nombre curioso, ¿no crees?

Alcé la mirada y vi a aquella chica, mirándome a medio camino entre una sonrisa alegre y una sonrisa tímida, pero rebosando una tranquilidad y un carisma arrebatadores. En sus ojos me reflejaba, y yo se los miraba, pero no me veía a mi, veía todo lo que mas odiaba, todos esos sentimientos que aborrecía y que aún aborrezco.

-Y tu no tienes reparos en escuchar conversaciones ajenas, ¿no crees?

-No te lo tomes así... - Dijo, mientras se sentaba a mi lado. Yo me levanté y comencé a andar, pegando un trago de mi botella de agua.

-¿Estás bien?- Me dijo

En ese instante algo pasó en mi interior. Esas palabras no me las había dicho aun nadie, y aun quedaba para que Ander empezase a valorarme tanto como para preguntarme eso. Esa fue la primera vez que recuerdo que alguien se preocupase por mi, y eso me impactó. Así de infantil era, pero ahora soy peor.

Me giré, mirándola sorprendido, y ella se rió tontamente apenas un segundo. Ese gesto me cabreó y fruncí el ceño.

-Oye, ¿qué te resulta tan gracioso?

-No es nada, en serio, no te enfades... Me llamo Celia, encantada- Se levantó hacia mi, sonriendo, y me dio dos besos. Tocó el timbre y entramos en clase, andando los dos juntos. Durante el camino, la miré apenas unos segundos, ella estaba mirándome, y me sonreía.

-¿Solo vivís los del grupo en esta planta?- Me preguntó Ash, en la puerta, antes de irse. Yo estaba cabreado, cabreado o tímido, por lo que acababa de pasar. Efectivamente, ella era la horma de mi zapato.

-Bueno... dos puertas mas allá de la mía vive un director de cine novel creo... ah sí, y en la última puerta a la derecha del pasillo vive un escritor, también novato, creo que le están intentando publicar una novela, pero aún están con todo el papeleo...

-En fin, nos veremos antes de que vuelva a España- Y sin despedirse, se fue. Cuando pasó por la habitación de Jimmy, este abrió la puerta y Ash se chocó contra ella. Jimmy salió, muy arrepentido, y le pidió perdón. Yo sonreí ante aquella escena tan cómica, y les dejé hablando solos un rato. Entré, me senté en una silla, en la mesa grande , y seguí recordando.

Llevaba ya siete meses en ese instituto, estábamos en épocas de exámenes y todos estaban muy nerviosos. Faltaban dos días para mi cumpleaños y yo no tenía ilusión, ya ni lo celebraba. Ni siquera Ander sabía mi situación familiar, y creo que es algo de lo que no os voy a hablar, no es relevante, por que en mi casa yo solo me centraba en una cosa, en mi guitarra.

Ander me llamó para hablar nada mas tocó el timbre. Acabamos aquel examen de Inglés a la vez. Caminábamos uno al lado del otro, y el, sonrojado, me dijo:

-Le voy a pedir a Blanca, en cuanto salga de clase, que salgamos juntos.

-Ya era hora-Dije, sonriéndole. Ander y yo ya teníamos ese grado de confianza en el que con él me mostraba más “como era” que con los demás. Aun no había dado aquel cambio tan brusco que me hiciese ocultarme completamente.

-Bueno, ¿Y que haremos en tu cumpleaños?

-Nada, no suelo celebrarlo

-Vamos, no me toques los cojones, chaval, podríamos celebrarlo. Yo que sé, un cine, unos bolos...

-Ya veremos...

Bajábamos las escaleras cuando oímos una voz. Celia me llamaba, venía con Rose, pero solo era coincidencia, no iban juntas. Ander le dijo a Rose que se fuese con él, que quería que hablasen, y yo me quedé a solas con Celia en la escalera. Yo estaba unos peldaños mas abajo que ella, mirandola fijamente, más alta que yo en esos momentos, como un David moderno enfrentandose contra un Goliath de pechos turgentes, ojos profundos y unos labios por los que estaría dispuesto a matar.

-¿Qué tal te ha ido el examen?- Preguntó, o eso pensé yo, por que para mi sorpresa, esa pregunta la había formulado yo.

-Muy bien,- Dijo- ¿y a ti?

-Psé, ya veremos.

Celia comenzó a bajar las escaleras y yo también. Cuando los escalones se acabaron, me paré, me gire hacia ella y la esperé, cuando ella se puso a mi nivel pasó las manos por mi espalda, abrazándome. Nuestras bocas estaban muy juntas, notaba su respiración como si fuese la mía.

-¿No te parece una locura?- Me dijo

-¿El qué?

-¿Cuando te has enamorado tu de mi?- Continuó

-¿Y tu de mi?

No dijimos nada mas y nos besamos, ante la mirada indiscreta de alumbos y profesores que bajaban por la escalera. Recuerdo haberos dicho que perdí la virginidad antes de perder los quince años y en efecto así fue. Faltaban dfos días para mi cumpleaños, y al día siguiente de aquel beso tan encantador, con esos dientes tan poco separados con los que mi lengua se chocaba, símbolo de timidez que hacía que me derritiese, quedamos en mi casa y nos acostamos por primera vez.

Cuando bajé las escaleras, separado de Celia, quien se había quedado con unas amigas, giré una esquina y vi a Ander y a Rose besándose, como lo acabábamos de hacer Celia y yo. No se dieron cuenta de que yo estaba ahí, pero al pasar a su lado, sonreí para mi mismo.

Me dolía recordar, me apretaba con dureza la cabeza con las manos. Me dispuse a levantarme a por otro trago de bourbon, cuando vi, encima de la mesa, una bolsita hermética, la cual contenía un fino polvo blanco...

1 comentario:

  1. Ay va! Vale, creo que ahora lo entiendo lo que pasa, pero no entiendo por qué pasan así las cosas xD Bueno, supongo que ahí está la gracia del asunto, siempre hacemos que pase lo que queremos cuando escribimos algo y no lo hacemos por un motivo concreto, lo hacemos porque queremos que sea así y punto no? hahaha

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