XVI.
[Jath]
El avión aterrizó en Londres con solo diez minutos de retraso. Me sentía muy mareado por la raya que me había esnifado poco antes. Intentaba aparentar que no me costaba andar y hasta respirar.
Me sorprendió ver a Celia en el aeropuerto. Me estaba esperando, bebiendo una lata de coca-cola. El arrepentimiento entró en mi como un rayo, fulminando todos mis órganos internos. Le miré fijamente, durante unos pocos segundos, quieto, y después giré en otra dirección. Celia me siguió con la mirada, suspiró y se fue.
Las fans me atosigaban pidiéndome autógrafos, todo me daba vueltas, giraba y se quebraba en mil pedazos. Avanzaba solemnemente con un único objetivo: llegar a casa y tumbarme. Apenas fueron veinte minutos, pero me parecieron años. Interminables años...
[Ander]
Al llegar a nuestros apartamentos, Jath se encerró corriendo en el suyo. Rose y yo estábamos muy preocupados, aunque solo mis preocupaciones tenían fundamento. No le había dicho nada del problema de Jath a Rose, porque simplemente no quería preocuparla.
Hace dos años, poco después del regreso de Celia a Londres, Jath y yo tuvimos una fuerte discusión. Sabía que el era una persona muy recogida en si misma, pero no lo era casi nunca conmigo, y cuando lo era yo sabía ver qué me ocultaba. Pero por esa época le notaba raro, la discusión fue a más y, cuando se fue, vi como se deslizaba un pequeño paquete de un fino polvo blanco. No dije nada, tan solo observé como se alejaba de mí.
Y ahora habíamos regresado a Londres tras una gira por Estados Unidos. Poco a poco había ido observando como Jath iba denigrando, en todo ello que hasta él odia. Me disponía a ir al apartamento de Rose a comer con ella, cuando escuché
-Manuel...
Me giré. Celia estaba de pie, muy arreglada. Llevaba una minifalda y unas botas marrones altas, una camisa sin mangas. Tenía el pelo suelto y no estaba apenas maquillada.
-¿Podemos hablar?- Preguntó. Silmplemente abrí la puerta, entamos y nos sentamos.-¿Cómo le va todo a Jath?
-¿Por qué no se lo preguntas a él?
-Me esquiva. Cuando volví a londres, me dijo que ya no estaba enamorado de mí...
-Je, miente más que habla.- Repetí esa frase que tanto le caracterizaba. Hum... quizás Rose y yo si que estábamos hechos el uno para el otro.
-Estoy muy preocupada por él. No se qué hacer, intento hablarle pero... me esquiva...
-Celia... Jath... Mira, Jath te ama, con locura, pero nunca ha sabido expresar sus sentimientos. Eso le da miedo
-Eso ya lo sé, Manuel.
-Escuchame- Grité- Jath ahora mismo está en su apartamento echando su vida a perder. Solo necesita algo que le demuestre que debe echarle cojones y admitir que también es un ser humano.
-Ya lo intenté, jugué a su propio juego, yo no soy así. Aquel concierto, hace tres años, ¿lo recuerdas? ¿Me viste? Ni te maginas lo que me dolió irme en lugar de saltar al escenario a abrazarle. Jath no es un capullo, no es un machista. Es una buena persona que solo necesita cariño.
-Ya pero él lo ve como ñoñerías, y prefiere grogarse a admitirlo.
Enmudecimos. Lo solté fruto de mi rabia, no quería decirlo. Celia me miraba atónita, y las lagrimas empezaban a inundarle los ojos.
-¿Jath se...?
-Cocaína, porros, heroína... No puede, Celia, no puede. Y todo por no querer admitir que no te quiere... Ten, toma esto- Le metí algo en el bolsillo
-Jath... está así... ¿por mi culpa?
-No te equivoques, Celia. Está así por que quiere. No es tu culpa, es la suya.
[Jath]
Me revolvía en mi cama. La cabeza me estallaba, mis sesos salían y danzaban un valls de drogas, fuertes y blandas. Gritaba y gritaba, peor no emitía ningún sonido. Me arrastre hacia fuera de la cama y caí de bruces contra el suelo. El dolor me recorrió todo el cuerpo.
En mi cabeza sonaban notas infinitas de una Les Paul tocada por el mono. Fuese un do, un mi o un fa, todas significaban para mí “métete”. La saliva se me caía de la boca, me arrastraba lentamente hacia el baño mientras hurgaba con furia en mis bolsillos en busca de la bolsa de cocaína.
Saqué la tarjeta de crédito y sobre la tapa del váter eché un poco de polvo. Lo dividí en dos lineas paralelas e iguales, lo cual me costó una infinidad de tiempo, pues el pulso me temblaba. Busqué en mi cartera un billete, pero solo tenía monedas.
-¡Mecagüen la mierda de todos los putos demonios!- Grité.
Me arrastré por todo el apartamento en busca de un papel. Debajo de las mesas, de las sillas y de la cama. Nada. Pero debajo de un cojín del sofá encontré un billete. Me levanté y eché a correr hacia el baño, peor a los dos pasos perdí el equilibrio y caía hacia el suelo.
Pero ya estaba dentro del baño, cerré la puerta y me coloqué delante de las dos rayyas de coca. Todo me daba vueltas, escuché un gran golpe, como un portazo. Empecé a enrrollar sobre si mismo el billete para poder esnifar. Oía pasos. Me acerqué lentamente hacia mis últimos suspiros de vida...
Una presión en el pecho me impidió continuar. Sentí mis costillas aplastarse, casi parecía que iban a reventar. Tambien notaba como algo encima de mi hombro, estaba húmedo. Y por último oía llantos. Dejé caer el billete y palpé mi torso y me encontré con dos manos tersas y suaves.
-No... no lo hagas... porfavor...
-... Celia...
Me estaba abrazando. La puerta del baño estaba abierta y al lado de nostros dos, en el suelo, las llaves de mi apartamento que Ander le había dado. Sentí como me abrazaba más fuerte y apretaba su cara contra mi espalda.
-Jath... lo siento... yo... debí de haberte comprendido, no debí haberte dejado... Yo te amo...
-No... la culpa es mía. No debí de haberme cerrado a tí... lo siento... siento haberte hecho esto...
-Estúpido...- Dijo entre llantos y sonrisas- Eres tú el que casi se mata...
-Y tú la que me has salvado...
NO, no, no, no!! Claro que fue culpa de ellaaaa!!! Él no tenía nada más y ella lo dejó. jooooo y él tuvo que pasar por todo eso sólo para que le dijera que lo quiereeee! y si no lo hubiese hechoooo qué? ella no habría vueltooooo ahhhhh
ResponderEliminardios, no sé qué vas a pensar de mí, si lees todos mis comentarios...