Durante los estudios cursados este año (de forma bastante accidentada) he tenido la ocasión con toparme con unas palabras que me han recordado a mis primeros días como escritor. Al leerlas, me viene a la mente aquella ilusión magnánima de cambiar el mundo. Esas palabras son:
"Exagerar: Esa es el arma".
¿Por qué me sigo negando a escribir realismo, mostrar a unos personajes corrientes en argumentos corrientes y con problemas y soluciones corrientes? Por que hay poco marco para la exageración. Quizás hablar de cuatro locos o de una gran revolución a nivel mundial no sea muy realista, hasta que puede que no muy adulto. ¿Sou un escritor juvenil? No. ¿Soy un escritor joven? Sí. ¿Pienso ser toda mi vida un escritor joven? Sí.
Exagerar, esa es mi constante. Mostrar un extremo irreal, fantástico, como un espejo que no hiciese mas que acentuar tus defectos: Convierte al gordo en Jesus Gil, al periodista en Maria Patiño, al futbolísta en Cristiano Ronaldo. Al vernos en él, sentímos asco. Y el asco solo nos hace querer huir.
Pero yo oculto el asco entre líneas llenas de acción y fantasía, que casi parece mas una gran superproducción de Hollywood que una verdadera novela literaria. Pero el mensaje está oculto, esperado a ser desentrañado por mentes ágiles y despiertas. Esos son los lectores a los que yo me dirijo.
Anarquista, extremista, iluso, joven, inexperto, pueril. Todos esos adjetivos pueden describirme como narrador de historias. Pero seguiré parafraseando a los grandes: Prefiero que se me odie por lo que soy a que se me ame por lo que jamás seré.
No pienso cambiar, no por ahora. Quizás en unos años, meses, semanas, días, horas, minutos lea esto y me arrepienta, pero esa es la base de mi literatura: me muestro tal como soy, sin esconderme, sin corregirme, a la espera de aviesas críticas que me arranquen la yugular de un mordisco. Que me ataquen mordazmente, sin que sepan que a mi a mordaz no me gana nadie. (Antes era demasiado vanidoso pero ahora ya sé que soy perfecto).
Así que yo seguiré a lo mio. Escribiré obras de teatro que exigan fumar a los actores en escena, crearé historias que rompan los cánones de estilo y narración de un argumento y, en definitiva, le tocaré las pelotas a cualquier lector que quiere aguantarme.
He dicho. Pronto volveré, pero quizás no nos veamos si no en otra vida (Brotha).
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