Dathan May

Dathan May
"La mejor manera de expresar la mala ostia es con una sonrisa... mientras te cargas lo primero que pilles contra la puta pared"

martes, 29 de diciembre de 2009

Dementes (1)

1- Rebecca Lissman: Noches de luz.


Sintiendo el frío en mi pecho suelto el dulce regalo que a veces la cordura me ofrece. El sol aun no ha hecho ademán de surgir. Miro el reloj, solo son las cuatro de la mañana. Mi último recuerdo de la noche es mirar ese mismo reloj y ver que eran las tres y media. La cabeza retumba como si fuese un tambor. Pruebo mil y una posturas, pero ninguna me resulta cómoda.


Oigo un ruido fuera de la habitación. Me levanto, temblorosa, palpo la pared hasta encontrar el interruptor de la luz, y lo presiono. El fogonazo es tal que parece como si todo lo que hay a mi alrededor vaya a incendiarse de un momento a otro.


Observo lentamente la habitación. Todo es blanco y solo hay una cama en una esquina, también blanca. Está todo muy vacío, como si se hubiese acabado el mundo. No reconozco nada, así que dudo al acercarme, paso a paso, a la puerta, preguntándome donde están mi armario, mi mesita de noche con mi reloj. La puerta se alza ante mí, blanca, fría como el hielo. Extiendo la mano hasta el picaporte. Al tocarlo aparto la mano instintivamente: está ardiendo.


Me muerdo el labio, aguanto el dolor y oprimo el picaporte con fuerza. Intento bajarlo, pero está muy duro. Fuerzo y fuerzo, y finalmente va bajando lentamente. Empujo la puerta y la luz de la habitación blanca resalta con la oscuridad que hay fuera.


No se ve nada, todo está frío. Doy un paso y mi pie tropieza con algo. Me agacho lentamente a recogerlo, palpando el suelo en busca de ese objeto. Lo aferro con fuerza una vez lo he encontrado y lo levanto. En ese instante, una tenue luz aparece. Estoy al lado de una farola, que se acaba de encender. Poco a poco, todas las farolas se encienden, iluminando un parque que me resulta familiar. Miro lo que tengo en mis manos, es una pistola.


Mi primer impulso es soltarla, pero luego decido aferrarla fuertemente y comenzar a andar. Tirito de frío, todo me da vueltas por la falta de sueño. Comienzo a andar, paso a paso. En mi cabeza resuena el eco de un goteo incesante, que va cortando a cada gota mi piel como si fuese un bisturí. Comienzo a caminar lentamente, mientras el ruido se hace más fuerte.


Comienzo a oír un gruñido. Aferro mi arma y busco con mi mirada el origen del sonido. Veo como unos matorrales, a un lado del camino transitable, se mueven. De ellos, saltando la pequeña verja de metal de un color marrón oscuro, sale un perro blanco, muy pequeño, temblando de frío.


-Pequeño- Digo, sonriente. El alma se me tranquiliza y me agacho para llamarle e intentar consolarle. El perro me mira con pavor, temiendo la figura de una desconocida como yo. Intento sonreír, y digo con toda la dulzura posible- Ven, tranquilo.


El perro se acerca a mi dubitativo. Cuando está a mi alcance, le paso la mano suavemente por el lomo. Despues, le acaricio la oreja y finalmente el hocico. En cuanto intento apartar la mano, el perro me muerde. Sus colmillos se clavan en mi mano, derritiéndome de dolor. Todo está frio y, de nuevo, el calor emana de sus dientes, recorriendo todo mi cuerpo desde la herida de la mano, subiendo por el brazo y extendiéndose por todo mi cuerpo hasta llegar a mis pies y expandirse por el suelo de ese solitario y oscuro parque.


Golpeo al perro con la culata y suelta mi mano, pero salta sobre mi. ME sorprende que un perro tan pequeño pese tanto y tenga tanta fuerza. Intenta morderme en la cara, pero le paro con la mano que no sujeta la pistola. Hago fuerza y fuerza. No me queda otro remedio. Poso el cañon sobre su cabeza y aprieto el gatillo.


Un sonido estruendoso que se mantiene en el aire por segundos hace que me salpique de sangre. Me levanto corriendo, me limpio la sangre de la cara, asustada y asqueada. Busco el cadáver del perro, pero no está. Solo queda un charco de sangre en el suelo.


Continuo avanzando por el camino de baldosas que ahora me fijo que lleva guiándome. Poco a poco, la distancia entre las baldosas es mayor, dejando ver un suelo de tierra negra que en ocasiones parece que se mueve. Cuando me quiero dar cuenta, estoy descalza, y noto como el frío va recorriendo mi cuerpo otra vez. Empiezo a hartarme de esos cambios de temperatura, pero el camino ya está empezado, y no puedo volver a atrás.


De repente, en toda la oscuridad veo un edificio blanco, de forma rectangular, bastante bajo y ancho. Encima de una doble puerta de cristal descansa una cruz de un rojo sangre intenso. Delante de la puerta, un hombre sin rostro lleva una bata blanca, y diría que me mira, pero no tiene con que. Escucho en mi cabeza, salidas de ningún lugar, palabras de una voz que me resulta, como todo esto, conocida.


-Bienvenida, Rebecca


Me parece intuir una sonrisa en el hombre sin rostro. Todo es muy extraño. Según voy mirando la semblante de ese monstruo, un dolor empieza a crecer dentro de mí. Ya no siento no frío ni calor, solo dolor y mucho, mucho miedo.


-No la estas usando correctamente


Miro a mi mano y veo de nuevo la pistola. El dolor aumenta. No lo dudo un segundo, apunto hacia el hombre sin rostro y disparo. La bala desaparece, quizás nunca salió del cañón.


-Ese arma no es para atacar a los demás. Es para salvarte.


Todo empieza a derrumbarse lentamente, el escenario del hospital se derrumba pieza a pieza, como el rompecabezas que se encuentra en una mesa que está siendo volcada. Todo va desapareciendo menos yo, el hombre sin rostro, y la pistola. Empiezo a escuchar el ladrido suave del perro al que acabo de matar, y de pronto lo veo, vivo, acariciando con su cuerpo las piernas del doctor. Miro el arma, la elevo lentamente. Poso el cañón en mi sien, y aprieto el gatillo.


Sintiendo el frío en mi pecho suelto el dulce regalo que a veces la cordura me ofrece. Palpo la mesita de noche en busca del reloj y lo miro, son las cuatro de la mañana. Mi último recuerdo fuera de ese mundo de pesadilla es mirar ese mismo reloj y ver que eran las tres y media.


miércoles, 23 de diciembre de 2009

Dementes (0)

0 - Travis Lake: Una noche para olvidar

Cómo me gustaría volver al inicio del papel y volver a reescribirlo todo con mi pluma.

Apesta, todo está oscuro y no puedo ni verme las manos por la neblina provocada por el humo del tabaco, de todos los cigarrillos que hay esparcidos por ahí. Apenas alcanzo a ver el vaso bajo con hielo y whisky, bourbon, mejor dicho, que hay justo delante de mí. A lo largo de la barra de este oscuro bar hay fracasados iguales o mayores que yo, bebiendo para olvidar sus penas.

La radio está puesta, suena un éxito de Rock de los ochenta. Bebo un trago de rojo elixir, la boca me arde, el pecho también cuando trago, aunque el bourbon está jodídamente frío. Me duele la cabeza, estoy siendo obligado a tragar un humo que no es mío. Yo ya llevo tres años sin fumar. Fumar me trae malos recuerdos.

Por azar, giro la cabeza hacia la izquierda. Una chica rubia, de ojos muy claros y labios esponjosos y rojos está sentada a mi lado. El pelo le cae, formando bucles, su nariz es resultona, sus dientes blancos. Es alta, diría que mide mas o menos como yo. Lleva un vestido rojo, tan rojo como sus labios, y unos zapatos de tacón con el mismo color. Qué típico, parece un sueño, una ilusión, quizás lo sea.

Está rebuscando en su bolso, delante de ella hay un vaso, como el mío, vacío. La observo unos instantes, recorriendola con la mirada. Comprendo qué es lo que busca, chasqueo los dedos y digo.

-Camarero, un vaso de Jack Daniel's para la señorita.

Me mira, le miro. Me sonríe, le sonrío. El camarero le sirve el vaso de alcohol y ella le pega un trago suave.

-Ha sido muy amable- Me dice.

-Soy mayor, pero no tanto como para que me trates de usted.

-No puedo tutearle si no se su nombre.- Se está insinuando, Bonita forma de empezar la noche.

-Travis Lake, almenos así figura en el registro civil.

-¿Eres americano, Travis?- Me pregunta.

-Me temo que no se imitar el acento inglés tan bien como los nativos de aquí.

Se ríe. No se qué hace ella en un pub de mala muerte como es El Winchester, debe de estar muy desesperada, aun no se su nombre. Quizás debería...

-Yo te he dicho mi nombre, pero no se cual es el tuyo.

-Amanda- Me dice- Amanda Ford. Y a diferencia de tí. Yo sí que soy de Londres.

Una londinense en Londres, me pregunto si es que nunca ha conocido mundo, si nunca ha salido de esas cuatro paredes que solemos llamar “patria”. Miro a Amanda, contemplo esa sensualidad roja, que ya no está al alcance de un hombre achacado por la edad. Siempre pensé que sería peor, que a los casi 50 años no podría moverme, sentado en una silla de ruedas, alimentándome con tubos. Pero las cosas no eran así, eran mucho peores.

-Me gustan los maduritos interesantes como tú- Dijo, pegando un trago al vaso que le habían servido gracias a mí.

-Y tienes la delicadeza en el culo, puta guarra

-Me gusta que digas esas cosas tan bonitas

No sabía qué le había dicho, pero estaba seguro que las palabras que yo recordaba haber mencionado no habían salido de mi boca. La noche empezaba mal.

Amanda se recogió sobre si misma y apoyó su cabeza contra mi hombro. Suspiró unos segundos y el vello de todo mi cuerpo se erizó.

-Algún capullo ha dejado aparcado fuera un camión, y he tenido que aparcar mi choche tres calles mas abajo.

-Siento ser un capullo.- Dije, puesto que el camión era mío.

-No quería parecer grosera- En ese instante todo se volvió negro, y solo vi a Amanda mover sus labios, y pronunciar las palabras – Mátame esta noche, así me castigaras.

Parpadeé. Al volver a abrir los ojos, todo volvía a estar en su sitio, y Amanda seguía apoyando su cabeza con los ojos cerrados, ajena a todo lo que estaba pasando en mi cabeza.

Estaba muy borracha para conducir, ya había llegado al bar así. Pensé que era un milagro que no se hubiese matado con el coche. La ayudé a subir a mi camión, y allí se quedó dormida, en el asiento del copiloto. Toda la cabina apesta al alcohol, rezo para que ningún guardia de tráfico nos pare, abro la guantera y saco una pequeña libreta negra. Hojeo mas de sesenta páginas hasta llegar a una en blanco. Pongo la fecha de hoy, Diecisiete de Abril del año dos mil treinta y dos. Es curioso como el mundo en 50 años pasó de estar en constante progreso a no cambiar en absoluto. Recuerdo que cuando yo era niño, la gente soñaba con coches voladores, gente mas longeva y joven y un nivel de vida mayor. Pero todo era jodidamente igual desde hace veinte años. Así de mierda es el progreso.

Conduje hasta mi casa, la ayudé a bajar y la tumbé en mi cama. Ella se despertó y empezó a refunfuñar como una gata en celo. Se quitó suavemente los tacones, dejando ver unos pies lisos y perfectos. Me quedé embobado mirándolos, deseando empezar allí y no acabar hasta recorrer todo el cuerpo. Entré en el baño para lavarme la cara y despejarme un poco mientras Amanda se ponía más cómoda.

Abrí la tapa del váter y comencé a descargar todo el alcohol que había bebido, aunque no estaba ni la mitad de borracho que Amanda. Empecé a notar como un frío me abrazaba, haciendo que todos mis huesos se quebrasen y mis musculos se desgarrasen. Pero yo seguía de pie, frente a la tapa del váter.

Cuando acabé me giré y le vi. El pelo negro, oscuro como los ojos de Hades. Esbelta figura, alto y delgado, vestido con un traje negro, camisa blanca y corbata también negra. Tenía el pelo peinado hacia atrás y estaba recién afeitado. Y segregaba un olor maravilloso, como el olor de un campo infinito con mas de diez mil clases de flores olorosas en perfecta armonía.

-Adelante, Travis, ya sabes lo que tienes que hacer.

Observé el irónico contraste, el tán joven, bello y arreglado y yo viejo, canoso, con barba de tres días, ojeras en los ojos y temblores en las manos. Empecé a temblar con mas fuerza mientras le miraba, hasta que finalmente desapareció.

Entré en mi cuarto, todo oscuro, la cama al lado de la ventana, y al lado una cómoda. Y junto a la puerta, un equipo de música. Amanda de miró sonriente, yo le devolví la mirada y busqué entre mi discoteca cierto álbum. Lo saqué de su caja una vez lo encontré y lo puse en el equipo, bajé el volumen, cogí el mando del aparato de música y lo dejé encima de la cómoda.

Me tumbé encima de ella, mientras sonaba “Show must go on”. Rocé mis labios con los suyos y despues, con la nariz, aspirando su aroma, recorrí su cuerpo desnudo: su vientre, su ombligo, su entrepierna, sus rodillas, sis pies. Una vez llegué a la punta del dedo gordo, comencé a subir, dando suaves besos a cada zona por la que pasaba. Subí de nuevo por su entrepierna y su vientre hasta llegar a sus pechos. Los besé con dulzura mientras alargaba la mano hacia la cómoda.

-Sigue... Sigue- Gemía ella. Agarré el mando del equipo de música y subí el volumen. La voz de Freddie Mercury gritaba con pasión que el espectáculo debía continuar.- ¿Qué haces?- Preguntó

Arrojé el mando al suelo, haciendolo estallar en pedazos, y me puse encimas de ella. Le rodeé el cuello con mis manos y apreté. Los ojos se salían de mis cuencas, mis dientes se apretaban con tanta fuerza que parece que se iban a salir también. Mi semblante poco a poco se convertía en la de aquel visitante de pelo y traje negros, recién afeitado y de aroma embriagante. Yo lo observaba todo desde la puerta. Amanda se resistía, arañaba con fuerza la cara de su asesino, pero el dolor no notaba yo. Ella quería gritar, pero el leve sonido que podía llegar a emitir lo tapaba la apasionante música de Queen. El vecino golpeaba la pared, quejándose. Y mientras Amanda se revolvía sobre si misma, pidiendo vivir, por última vez, el joven me dijo:

-Estos putos vecinos, no tienen cultura musical.

Y cuando todo acabó, volví a encontrarme encima de ella, ahora muerta, y sabía que aunque yo hubiese visto como otro la mataba, su asesino era yo. Era yo y a la vez no lo era, por que aunque mi cuerpo fuese el que la estaba matando, no lo era la mente. Era su mente, la mente de un asesino, la mente de un Némesis.

Bajé el cuerpo de Amanda a mi camión, la senté en el asiento del copiloto y conduje durante horas, y horas, hasta llegar a tramos de la carretera donde apenas había vigilancia y aun menos civilización. Paré, cogí la libreta de la guantera y saqué el cuerpo de Amanda. Lo dejé en el suelo y lo arrastré hasta fuera de la carretera. Volví al camión a por gasolina y una cerilla. Rocié el cuerpo de Amanda lentamente y después encendí la cerilla. La miré fijamente, dudando de si debía hacerlo, pero finalmente lancé la cerilla contra su cuerpo, pero el viento apagó el fuego antes de que esta llegase a su objetivo.

-Qué mala suerte, ¿Eh?- Me susurró Némesis desde lo mas profundo de mi mente, acompañado de una risa horrible. Encendí otra cerilla y esta vez fui mas rápido a la hora de lanzarla, y el cuerpo de Amanda comenzó a incendiarse. Saqué mi libretita negra y un boli, fui a la primera hoja en blanco que había y escribí únicamente “Cómo me gustaría volver al inicio del papel y volver a reescribirlo todo con mi pluma”.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Dementes (Prólogo)


Prólogo.

Todo está oscuro, aunque sea de día. Todo está oscuro en los corazones de la ciudad, de las gentes que la pueblan. Caminando por la calle como simples marionetas, esclavas de su tiempo, de sus obligaciones profesionales y no de sus obligaciones morales.


Por la calle caminan personas que venderían a su madre por un puñado de papeles pintados por la casa de la moneda. Papeles que simbolizan el poder de hoy en día. Pocos hay que no busquen este símbolo de poder u otro objetivo que lleve por medio estos curiosos objetos.


Entre toda esa gente gris hay un punto rojo. Una persona que no es normal, alguien que no piensa como los demás. Va andando entre la gente, pasando a su lado. La afilada hoja de el arma que lleva en sus manos corta fácilmente los tendones que unen los huesos de sus cuerpos. Sus miembros caen o salen volando y la sangre lo empaña todo. Pero nadie grita, todos siguen su camino, ajenos al dolor de aquellos que han sido victima del arma roja.


El punto rojo va haciendo desaparecer personas grises a su paso. Mientras corta y desgarra la carne piensa en la hipocresía de aquellos que se sienten orgullosos de sí mismos por que pertenecen a los límites de “lo normal”. Pero por mas que nuestro amigo rojo avanza, mutilando a más y más personas, los demás viandantes ni se giran a contemplar lo ocurrido, no socorren a sus vecinos, solo caminan, sorbidos en su mundo, sin más preocupaciones que cómo de llenos están sus bolsillos.


miércoles, 16 de diciembre de 2009

Red Bourbon (Final + Epílogo)

XVII.

-¿Lo vamos a hacer?- Pregunté

-Por supuesto

Todo estaba a oscuras. Las farolas de la calle se habían apagado y solo la luna iluminaba la gran masa de gente que, frente al escenario y helándose de frío. Y entonces resonó en toda la explñanada:

-Señoras y señores, con todos ustedes, los inventores del Fetish Rock... Red Bourbon!

Las luces se encendieron, cegándo a todo el público, a la vez que yo y Rose empezabamos a tocar las cuerdas de nuestros respectivos instrumentos. Jimmy comenzó a aporrear con dureza la batería y Ander entonó la letra de “Marleene”. El público comenzó a saltar. En la primera fila, Ash y Celia, las cuales estaban la una al lado de la otra, se miraron, sonrieron y comenzaron a saltar.

Mientras tocaba recordaba aquellos momentos cuando Celia yyo tiramos juntos toda la droga que tenía al retrete. Poco despues, ella me abrazó y me empezó a besar, entrecerrando los dientes y arañando mi lengua, como solía hacer ella. Nos desnudamos lentamente y nos tumbamos en la cama. Disfruté cada segundo que estuve con ella como si de mil años se tratasen. Y esque había follado mucho, pero esa fue la primera vez que hice el amor.

Cuando llegó la hora de mi solo, subí lentamente mientras tocaba a una rampa. Detras de mí, subía Rose. Cuando mi solo acabó, salté a la vez que daba el acorde que rompía con todo ello y jimmy comenzó con su pequeño solo de batería, mientras Ander susurraba “ooh”. Rose se subió en mis hombros, agarré sus piernas y entonces empezó su solo de bajo. Mientras ella tocaba yo corría por todo el escenario, y al acabar, la dejé lentamente sobre el escenario, recogiendome sobre mi mismo. Y mientras me levantaba, tocaba la misma nota una y otra vez, cada vez mas rápido, hasta que Ander volvió a entrar con el último estribillo de “Marleene”.

Después comenzamos con “Red Sex”, a la cual no le dimos tanta importancia en los solos como a la anterior. Después de esa, tocamos “You're my favourite Sin”, en la que Rose y yo nos intercambiábamos los instrumentos a la hora del solo. Y Finalmente, tocamos “I need you to hurt me”, y todo el público qritó de emoción, cantándola con nosotros y dejándose la voz en ello.

Cuando acabamos con la que se suponía sería la última canción del concierto, saqué de un lado del escenario una guitarra acústica que le extendí a Ander. La cogió y se la colgó. Yo me acerqué al micrófono, nunca había hablado en un concierto, y esa primera vez hizo que todo el público, hasta Ash y Celia, se callasen.

-Señoras, señores, he de decirles algo que quizás disguste a muchos y decepcione a otros. Pero sé que esto le gustará a una persona en particular, y eso vale para mi mucho más que cualquier fama, dinero o prestigio musical. Siento mucho romper lo que queréis oír, romper con el “Fetish Rock”, pero aunque solo sea por una vez, permitidme algo como esto, gracias.

La luz se apagó y solo un foco iluminó a Ander. El tocaba la guitarra acústica, mientras andaba lentamente hacia el micrófono. El foco le seguía mientras el susurraba el título de la canción, “Alone”.

Sometimes, you say me you don't love me
Sometimes, I need to lie to you,
saying the same
breaking my name
only I have one hope, so I say you...

Otro foco se encendió y me iluminó a mi, al lado de Ander, con la guitarra colgada, frente a otro micro. Comencé a tocar a dúo con él y a cantar también

No! Don't leave me alone!
Please don't let it go
I always wait for you...
No! Don't leave this!
Like you don't exist!
Please don't leave me alone!

Callé. Toqué un último acorde que extendí mientras miraba a Celia. Me descolgué la guitarra lentamente y la arrojé contra el suelo. Los pedazos de la desecha Les Paul de los patrocinadores volaban como suspendidos en el aire mientras avanzaba hasta el final del escenario, me dejaba caer y a través de las vallas de separación, besé a Celia mientras Ander aun cantaba ese estribillo, de aquella canción que había compuesto yo, corta y breve, y que seguramente nunca mas se volvería a escuchar. Ese fue mi regalo, mi agradecimiento a la persona que amaba por salvarme. Jath Daniels siguió tocando la guitarra por mucho tiempo, siendo un músico de éxito y pregonando, junto a sus amigos el Fetish Rock. Pero ya nunca fue el mismo.

Quería creer que el amor era un conjunto de sentimientos que solo tenían la importancia que queríamos darle. Y comprendí que estaba equivocado.


Epílogo

La lluvia baña el exterior del hospital con su frío encanto. Mientras, un hombre, fumándose un cigarro, espera una noticia que a él le parecía que nunca llegaría. El cigarrillo se consumía lentamente a cada aspiración que daba.

Una enfermera salió y le tocó el hombro. El muchacho se giró y vio la semblante de la joven, con una sonrisa de oreja a oreja. La enfermera entró y el hombre le siguió. Atravesaron pasillos y pasillos llenos de enfermos, hasta que llegaron a una puerta que descansaba bajo un cartel de “Ala de maternidad”.

El joven entró en una de las habitaciones de esa ala. Allí, su esposa le esperaba, con un pequeño bebé entre los brazos.

-Saluda a tu hijo

La mujer extendió sus manos delicadamente y con una sonrisa. El padre cogió a su hijo, comprobó que era niño y sonrió. El bebé extendió las manos para tocar la cara de su padre. El no aguantó y las lagrimas empezaron a verter de sus ojos. Y solo dijo.

-Bienvenido al mundo, Sid

Y así nació Sid Daniels, hijo del legendario músico Jath Daniels. Pero esa es otra historia, que tal vez algún día sea contada.

FIN DE RED BOURBON

martes, 15 de diciembre de 2009

Red Bourbon (16)

XVI.

[Jath]

El avión aterrizó en Londres con solo diez minutos de retraso. Me sentía muy mareado por la raya que me había esnifado poco antes. Intentaba aparentar que no me costaba andar y hasta respirar.

Me sorprendió ver a Celia en el aeropuerto. Me estaba esperando, bebiendo una lata de coca-cola. El arrepentimiento entró en mi como un rayo, fulminando todos mis órganos internos. Le miré fijamente, durante unos pocos segundos, quieto, y después giré en otra dirección. Celia me siguió con la mirada, suspiró y se fue.

Las fans me atosigaban pidiéndome autógrafos, todo me daba vueltas, giraba y se quebraba en mil pedazos. Avanzaba solemnemente con un único objetivo: llegar a casa y tumbarme. Apenas fueron veinte minutos, pero me parecieron años. Interminables años...

[Ander]

Al llegar a nuestros apartamentos, Jath se encerró corriendo en el suyo. Rose y yo estábamos muy preocupados, aunque solo mis preocupaciones tenían fundamento. No le había dicho nada del problema de Jath a Rose, porque simplemente no quería preocuparla.

Hace dos años, poco después del regreso de Celia a Londres, Jath y yo tuvimos una fuerte discusión. Sabía que el era una persona muy recogida en si misma, pero no lo era casi nunca conmigo, y cuando lo era yo sabía ver qué me ocultaba. Pero por esa época le notaba raro, la discusión fue a más y, cuando se fue, vi como se deslizaba un pequeño paquete de un fino polvo blanco. No dije nada, tan solo observé como se alejaba de mí.

Y ahora habíamos regresado a Londres tras una gira por Estados Unidos. Poco a poco había ido observando como Jath iba denigrando, en todo ello que hasta él odia. Me disponía a ir al apartamento de Rose a comer con ella, cuando escuché

-Manuel...

Me giré. Celia estaba de pie, muy arreglada. Llevaba una minifalda y unas botas marrones altas, una camisa sin mangas. Tenía el pelo suelto y no estaba apenas maquillada.

-¿Podemos hablar?- Preguntó. Silmplemente abrí la puerta, entamos y nos sentamos.-¿Cómo le va todo a Jath?

-¿Por qué no se lo preguntas a él?

-Me esquiva. Cuando volví a londres, me dijo que ya no estaba enamorado de mí...

-Je, miente más que habla.- Repetí esa frase que tanto le caracterizaba. Hum... quizás Rose y yo si que estábamos hechos el uno para el otro.

-Estoy muy preocupada por él. No se qué hacer, intento hablarle pero... me esquiva...

-Celia... Jath... Mira, Jath te ama, con locura, pero nunca ha sabido expresar sus sentimientos. Eso le da miedo

-Eso ya lo sé, Manuel.

-Escuchame- Grité- Jath ahora mismo está en su apartamento echando su vida a perder. Solo necesita algo que le demuestre que debe echarle cojones y admitir que también es un ser humano.

-Ya lo intenté, jugué a su propio juego, yo no soy así. Aquel concierto, hace tres años, ¿lo recuerdas? ¿Me viste? Ni te maginas lo que me dolió irme en lugar de saltar al escenario a abrazarle. Jath no es un capullo, no es un machista. Es una buena persona que solo necesita cariño.

-Ya pero él lo ve como ñoñerías, y prefiere grogarse a admitirlo.

Enmudecimos. Lo solté fruto de mi rabia, no quería decirlo. Celia me miraba atónita, y las lagrimas empezaban a inundarle los ojos.

-¿Jath se...?

-Cocaína, porros, heroína... No puede, Celia, no puede. Y todo por no querer admitir que no te quiere... Ten, toma esto- Le metí algo en el bolsillo

-Jath... está así... ¿por mi culpa?

-No te equivoques, Celia. Está así por que quiere. No es tu culpa, es la suya.

[Jath]

Me revolvía en mi cama. La cabeza me estallaba, mis sesos salían y danzaban un valls de drogas, fuertes y blandas. Gritaba y gritaba, peor no emitía ningún sonido. Me arrastre hacia fuera de la cama y caí de bruces contra el suelo. El dolor me recorrió todo el cuerpo.

En mi cabeza sonaban notas infinitas de una Les Paul tocada por el mono. Fuese un do, un mi o un fa, todas significaban para mí “métete”. La saliva se me caía de la boca, me arrastraba lentamente hacia el baño mientras hurgaba con furia en mis bolsillos en busca de la bolsa de cocaína.

Saqué la tarjeta de crédito y sobre la tapa del váter eché un poco de polvo. Lo dividí en dos lineas paralelas e iguales, lo cual me costó una infinidad de tiempo, pues el pulso me temblaba. Busqué en mi cartera un billete, pero solo tenía monedas.

-¡Mecagüen la mierda de todos los putos demonios!- Grité.

Me arrastré por todo el apartamento en busca de un papel. Debajo de las mesas, de las sillas y de la cama. Nada. Pero debajo de un cojín del sofá encontré un billete. Me levanté y eché a correr hacia el baño, peor a los dos pasos perdí el equilibrio y caía hacia el suelo.

Pero ya estaba dentro del baño, cerré la puerta y me coloqué delante de las dos rayyas de coca. Todo me daba vueltas, escuché un gran golpe, como un portazo. Empecé a enrrollar sobre si mismo el billete para poder esnifar. Oía pasos. Me acerqué lentamente hacia mis últimos suspiros de vida...

Una presión en el pecho me impidió continuar. Sentí mis costillas aplastarse, casi parecía que iban a reventar. Tambien notaba como algo encima de mi hombro, estaba húmedo. Y por último oía llantos. Dejé caer el billete y palpé mi torso y me encontré con dos manos tersas y suaves.

-No... no lo hagas... porfavor...

-... Celia...

Me estaba abrazando. La puerta del baño estaba abierta y al lado de nostros dos, en el suelo, las llaves de mi apartamento que Ander le había dado. Sentí como me abrazaba más fuerte y apretaba su cara contra mi espalda.

-Jath... lo siento... yo... debí de haberte comprendido, no debí haberte dejado... Yo te amo...

-No... la culpa es mía. No debí de haberme cerrado a tí... lo siento... siento haberte hecho esto...

-Estúpido...- Dijo entre llantos y sonrisas- Eres tú el que casi se mata...

-Y tú la que me has salvado...

lunes, 14 de diciembre de 2009

Red Bourbon (15)

XV.


Cuando Celia volvió a Londres, nos volvimos a encontrar en los pasillos de la discográfica. Hablabamos cuando era necesario, pero nunca abordé el tema de nuestro último encuentro. Seguía poniendome muy nervioso cada vez que hablaba con ella, pero también seguía sin demostrar que eso me afectaba.


Ash se iba esta misma noche de vuelta a España. Jimmy y ella habían ido al cine a ver una de esas películas vacías, que eran como una pompa de jabón: muy vistosas, pero vacías, y un simple soplo bastaba para reventarlas. Cuando volvieron del cine, yo les estaba esperando en al puerta del apartamento de Jimmy.


-Hola, Jath ¿Qué tal?


-Necesito hablar con Ash


-Vamos Jath- Me contestó Jimmy- Se va en dos horas...


-En diez minutos la tendrás en tu cama, si eso es lo que quieres.


-¿Qué te parece?- Le preguntó Jimmy a Ash


-Claro, solo será un momento.


Cuando entramos en mi apartamento, todo me pareció reiterativo: en ese mismo escenario habían pasado tantas cosas: había ido quemando lentamente el papel de mi vida, durante unos pequeños segundos tuve agua para apagar el fuego, pero la cambié por alcohol para darle mas rapidez a la combuestión. Eché agua en dos vasos y nos sentamos uno a cada extremo de la mesa.


-¿No es whisky?- Ironizó


-No tengo ganas de beber-Dije- Dime, Ash... ¿sigues consumiendo?


-Sabía que me ibas a preguntar eso, Don Papá- Dijo- Para ser un vivalavirgen bohemio, no eres muy despreocupado.


-No soy Don Latino, soy Max Estrella.


-Mira, aquel día cuando me dijiste que entrara a “beber un vaso de leche” al apartamento de Jimmy... Ví que, a pesar de su faceta alocada propia de un rockero, era una persona sensata. Jimmy es masoquista ¿sabes?. Aunque bueno, no es difícil averiguarlo por la letra de las canciones que compone. Pero.. es una persona normal. En ese rato que estuvimos a solas, me hizo reir.


-¿A donde quieres llegar?


-Quise repetir, quise poder estar una vez más con él, reírme despreocupádamente de todo antes de volver a España y, con un poco de suerte, olvidarme de la droga. Pero no pude, cuando fui a verle otra vez, le conté todo lo que me había pasado, y el hizo lo propio. Al final nos acostamos y bueno... ya ves el resultado.


-Así que te ha dejado fácil dejar la droga.


-No lo es. Mi padre es drogadicto. Ha ido varias veces a centros de desintoxicación en España. Cuando vine a Londres, lo hice con intención de cambiar radicalmente mi vida. Al llegar, busqué y busqué entre los barrios bajos hasta encontrar a alguien que me vendiese droga, la cual cosa no fue muy difícil. Pensaba que si mi padre la tomaba, sería por algo. Pero cuando me dejé la bolsa en tu casa, aún no había consumido.


-Así que no tuviste nada que dejar-Deducí


-Correcto. El cambio en mi vida no eran las drogas, sino Jimmy. Mi madre está muy destrozada por la situación de mi padre, por eso siempre estoy pendiente de ella. Y eso siempre ha destrozado mis relaciones: si no te centras en una relación, no puede durar mucho, a no ser que encuentres a alguien muy especial.


-Y a veces ni así...- Dije, pensando de nuevo en Celia y en el mensaje. Ash no se había dado cuenta, pero el móvil seguía desparramado en el suelo


-Pero siempre te darán una segunda oportunidad. Jimmy dijo que a él no le importaba acapararme todo el tiempo, sino hacerme sonreír cuando lo necesitase. Y lo que para muchas parejas es una desventaja, para nosotros es lo que ha hecho que nuestra relación progrese: la distancia. Ironico ¿eh?, precisamente esa impsibilidad de vernos a menudo es lo que hace que podamos seguir adelante.


-Así que lo de tu nombre también es un cambio de tu nueva vida, ¿no?.


-Tu eres un experto en eso.


No quise robarle mas tiempo. Ella se fue de nuevo con Jimmy y yo decidí recoger los trozos del movil. Lo volví a montar y lo encendí. Comprobé mi registro de llamadas perdidas y tenía tres llamadas de Celia. Comprendí que todo se me estaba yendo de las manos, que debía deshacerme de esa bolsa cuanto antes, pero en lugar de hacerlo, volví a caer. Una y otra y otra vez, ajeno a los ojos de todo el mundo. Pero mi secreto no tardó en descubrirse.

domingo, 13 de diciembre de 2009

Red Bourbon (14)

XIV.


-La verdad es que empecé a cantar cuando tenía 16 años. En el grupo, quiero decir, por que antes ya iba a coro. Mis padres me obligaban, y bueno, creo que les tengo que agradecer mucho.


-Y usted, señor Jath- Me dijo la presentadora, bastante más envejecida que la última vez que la vi. Lo intentaba tapar con cirugía y maquillaje, pero eso solo le hacía parecer aún mas un monstruo.- Usted fue la gran sorpresa en el programa que emitimos hace exactamente un año. La sala enloqueció con su guitarra, díganos... ¿desde cuando lleva tocando?


-No lo recuerdo, siempre he tocado desde que tengo uso de razón.


-¿Y mucho?


-En lugar de salir a correr, tocaba, en lugar de ir a la biblioteca a estudiar, tocaba, y a la hora de hacer botellón... hacía botellón.


La sala estalló en risas, incluyendo la presentadora, pero esta última lo hacía de un modo falso que solo años frente a las cámaras podían hacerte aprender.


-En fin, es increíble como pasa el tiempo. Como ya he dicho, solo hace un año ustedes tocaban en este mismo programa por primera vez y hoy, sale a la venta su segundo disco. Y siguen manteniéndose en su onda, en lo que sus fans ya describen como “Fetish Rock”. ¿De donde sacaron la idea de hacer ese tipo de música?


-La noche es muy joven- Dijo Jimmy- Salimos, la vivimos y experimentamos cosas nuevas. Experimentando, una persona puede enriquecerse sexualmente hablando, se puede pasar de ser una persona “normal” a ser un bisexual fetichista y sadomasoquista, pero seguimos siendo “normales”. Son formas de expresar la sexualidad, y queríamos tambien poder expresarlo de otra manera, así que lo plasmamos en nuestra música.


-¿Y quién compone?


-Lo hacemos entre Jimmy y yo- Dijo Ander.


-¿Y la superestrella Jath Daniels nunca ha compuesto ninguna canción?.


-No, no me gusta componer- Dije- Es como si me encerrase a mi mismo en una caja. Cuando nos ponemos a ensayar un tema por primera vez, primero hago que Rose, Ander y Jimmy lo toquen sin mi, lo escucho tranquilamente y luego lo adapto, y lo volvemos a interpretar juntos. Despues escribo lo que he tocado en una tablatura para Ander, pero yo no vuelvo a echarle ningún vistazo a ese papel.


-En fin, se nos acaba el tiempo. Ha sido un placer teneros aquí, y nos ha gustado mucho el pequeño concierto que nos habéis regalado. Y a vosotros recordaros que el segundo disco de Red Bourbon, “Things you want to do”, ya esta a la venta.


Intentaba no pensar que aquel concierto en el que sentí como celia se me escapaba había pasado exactamente hace un año. Eso significaba que hoy volvía Celia a Londres, y eso me aterraba. Jimmy estaba contento, puesto que Ash venía a pasar también un par de semanas a Londres. Ash y Jimmy se estaban llevando muy bien, tanto que esta hacía una visita cada tres meses para verle. Iban al cine, a tomar algo,a visitar la ciudad y despues se acostaban por las noches. Jimmy, el menos importantes de los actores de nuestra obra de teatro, fue el que primero encontró lo que buscaba.


Rose y Ander llevaban ya también casi un año juntos. Verlos así me hacía añorar los viejos tiempos, aquél día que les vi morrearse y eso provocó en mi una sonrisa. Pero tambien me atormentaban los recuerdos de una época cercana a esa.


Cuando Rose y Ander rompieron por la infidelidad de éste, yo me preocupé por él, pero a su vez me invadió un profundo sentimiento de tranquilidad: yo estaba con Celia, y Celia estaba conmigo. Nuestra relación era una paradoja: a solas estabamos juntos, pero cara al público ( a excepción de cara al grupo) eramos personas de circulos sociales completamente distintos.


Un par de meses después del incidente, tuvimos un puente de cuatro días que aprovechamos a fondo para ensayar. Cada vez quedaba menos para nuestra graduación y para la bifurcación inminente, en la que cada uno tomaría un sendero distinto. El tío de Jimmy nos propuso grabarnos una maqueta con su equipo de grabación. La maqueta la grabaríamos a final del mes que viene, así que habría de practicar.


Uno de los días que quedamos en el local de siempre (un pequeño local que alquilábamos a un anciano bastante afable, que solía arrendarlo a grupos de música como el nuestro) Celia insitió en venir a vernos. Ella estaba muy ocupada estudiando o quedando con su amigos y las pocas veces que quedábamos juntos era a solas y para disfrutar plenamente de nuestra sexualidad. Pero aquel día ella me pidió venir, y vino.


Tras el ensayo, me pidió que la acompañase a casa. Estaba empezando a pedirme cosas que eran normales en cualquier relación de pareja, pero que en la nuestra rozaban lo anormal. De camino pasamos por un parque, y ella me dijo que quería sentarse un momento en un banco. Nos sentamos y nos miramos en silencio durante un tiempo.


-Jath, tenemos que hablar.- Dijo ella.


-¿Has tomado el ejemplo de Ander?


-No, no es eso- Dijo, reprimiendo una sonrisa que, por otro lado, hubiese resultado bastante triste- Es que...


-¿Qué pasa?


-No somos una pareja normal. Nos ocultamos de los demás


-¿Y eso es un problema? El amor no es lo que se demuestra, sino lo que se deja sin demostrar.


-Pero es que tu ni me demuestras ni dejas de demostrar nada. Solo quedamos para... follar y... Mira, yo no puedo seguir con esto


-En ese caso vete.


Se levantó y se fue. Yo me quedé unos minutos sentado, impasible ante la situación. Pero cuando puse rumbo de camino a casa me di cuenta de que me flaqueaban las piernas. Parpadeaba mucho y me picaban los ojos. Cuando fui a rascármelos comprobé que estaban húmedos.


No supe apreciarla, no supe admitir que la amaba y sobretodo, no supe admitir mis errores, no supe demostrarlo. Por esa época, yo le echaba las culpas a ella. Pensaba que debía haberme comprendido, ya que ella era la única que sabía mi precaria situación familiar, ella era la únicca que sabía que, antes de mudarme, había vivido a merced de una mujer que me utilizaba únicamente para darle celos a su novio cuando rompían, y que la ilusión que me hacía esa cortina de humo, por que no se le podía llamar relación, me hizo perder la fe en lo que los demas llamaban “una pareja normal”. Pensé que todas las mujeres eran así, que valoraban mucho más el sexo y las relaciones que la amabilidad y el tratarlas bien. Pero tardé mucho en comprender que las cosas no eran ni tan claras ni tan calvas.


Cuando llegué a mi apartamento, observé que había recibido un mensaje en el móvil. Era de Celia, Me metí la mano en el bolsillo y palpé la bolsa de cocaína. Siempre la llevaba, tentado de probarla. Ya me había rendido al alcohol y al tabaco, y a cada minuto que no admitía que yo la amaba, que no aplicaba lo que había aprendido, solo me abocaba a un abismo de autodestrucción. Apretando con fuerza la bolsita, leí el mensaje.


Estoy en Londres, supongo que mañana nos veremos en el trabajo. Durante este ño he tenido alguna que otra relación superficial, pero como te dije, sigo esperando tu respuesta. Un beso (y esta vez decides tú quien está entre la espada y la pared).


Apagué el movil y lo tiré contra el suelo. Se abrió haciendo un estrépito horrible, la tapa salió volando y la batería se deslizo hasta la cocina. Saqué mi carnet de identidad y la bolsa de cocaína. Saqué una cantidad de ésta, sin saber si era ni mucha ni poca, dividí en dos rayas y las miré fijamente durante minutos, tal vez horas. En mi mente resonaron las palabras “Solo quedamos para... follar...”. Esnifé, saltando al precipicio que durante años me había ido acercando.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Red Bourbon (13)

Las cosas no tienen la importancia que tienen, sino la que aquellso que las vivimos les queramos dar.

XIII.

[Jath]

-Bien chicos, ahora la definitiva.

Donald preparó la mesa de mezclas y nos hizo una señal. Empecé a tocar, sin atender a la guitarra, moviendo mis manos mecanicamente dentro de una jaula de cristal, donde se vendían nuestros sentimientos y nuestra pasión. Ander empezó a cantar.

Marlene, Marlene,
you're the sadist queen
hundreds of men
are under your feet
Marlene, Marlene,
Cross the road
hit the life
and don't let him to use
your sex machine


Al llegar a mi apartamento, Ash estaba esperandome en la puerta. Estaba fumando un cigarrillo, y me miraba con preocupación.

-Jath, necesito entrar, creo que me dejé algo el otro día...

-¿No será esto de aquí?

Saqué la bolsita de cocaína y la balanceé delante de sus ojos. Ella me miró frunciendo el ceño, alagró la mano para cogerla, pero aparté la bolsa y la guardé en mi bolsillo.

-No te la pienso devolver

-¿Por qué?

-Por que destrozas tu vida

-Sabes perfectamente que no es necesaria una droga para autodestruirse

-¿Todo bien, Jath? - Me giré. Jimmy nos miraba desde la puerta de su apartamento. Se acercó a nosotros y me dió una pua- Te la has dejado en el estudio. Hola Ash

-Hola, Jimmy- Dijo ella, sinn dirigirle la mirada

-Vaya, parece que no estas de muy buen humor. ¿Interrumpo algo?

-No, llegas en el momento perfecto. - Volví a mirar a Ash a los ojos- Ash quería tomar un vaso de leche, pero a mi no me queda, ¿por qué no se la das tú?

-Claro, ven a mi apartamento, tengo leche... - se acercó a su oreja y le susurró algo muy bajito, pero que pude oir perfectamente- … y otras muchas bebidas

-Sí, claro. Gracias, Jimmy.

Ash y Jimmy se fueron y yo entré en mi apartamento. Ash tenía que irse dentro de dos días. Metí la mano en mi bolsillo y empecé a acariciar la bolsa de cocaína. La agarré con fuerza e hize un ademán de sacarla, pero la solté y saqué la mano vacía. Cogí la pua que Jimmy me acababa de devolver y empecé a tocar un poco, para relajarme.

Al día siguiente, vi a Ash salir del apartamento de Jimmy. Se tenía que ir mañana, pronto, así que supuse que iría a prepararse las cosas para volver. Me acerqué al apartamento de Jimmy y llamé a la puerta. El me abrió, con una sonrisa.

-¿Qué tal es en la cama?- Le pregunté

-No está nada mal, lo malo es que mañana vuelve a España. Tío, que puta mierda...

[Ander]

Sonó el móvil. O mas bien, el ruido lo hacía al vibrar sobre la mesa. Miré la pantalla y vi el número de Rose. Dudé si contestar o no, pero al final descolgué el telefono.

-¿Estás haciendo algo importante?.

-Ahora mismo no

-Pues ven. Estoy en el tejado. No tardes, Manuel....

Hacía años que Rose no me llamaba Manuel. Pensé en beber un poco antes de subir a verla, pero decid´no hacerlo. Rose y yo no podíamos estar juntos por que aun me sentía culpable por aquello que pasó, un año despues de fundar la banda...

Era nuestro último curso juntos. Jath y Celia seguían teniendo sus encuentros pasionales en los patios, haciendo pensar al resto del instituto que vivían en mundos diferentes. La escena de las escaleras que tanto se nombró en su día había pasado a ser un simple rumor que ya nadie se creía. Así son las cosas, van y vienen, vuelan.

Estábamos cerca de los exámenes finales, pero incluso por esa época quedábamos para practicar, todos los días. Por eso, Jath, Jimmy y Ander se preocuparon cuando aquel día no fui al ensayo. Y se preocupaban con razón, sobre todo Rose, por que estaba acostandome con una mujer, amiga de mi hermano, que había venido a casa. Mis padres no estaban y bebimos un poco, y una cosa llevó a la otra...

Pasé varios días sin ir a los ensayos y evitando a mis compañeros del grupo, sobretodo a Rose. Tenía miedo de enfrentarme a ella. Pero no tenía miedo de su reacción, de que me pudiese hacer daño o algo así. Tenía miedo de hacerle daño.

Pero Rose me perseguía por los pasillos, día tras día. Tenía que refugiarme en los baños, donde sacaba un cigarrillo y no tardaba Jath en venir y fumarse uno conmigo. Él y su manía de fumar de liar, no los aguantaba, le sentaban fatal.

-Joder, tío, ¿por que tuviste que montartelo con otra?

-¿Como lo sabes?

-¿Estoy equivocado? Va, no me digas que fue con un tío...

-No no, fue con una chica

-¿Lo ves? Tenía razón. Macho díselo, que lo importante en una pareja es la sinceridad. Si te va a dejar, te va a dejar igual, pero no la hagas sufrir, coño.

-¿Quien eres tú, y qué has hecho con Jath?

-Le he metido una paliza y he venido a aconsejarte.

Jath me sorprendió. No solía preocuparse por los demás, pero debería de ser muy importante para él. Salí del baño, sin acabarme el cigarrillo, y busqué a Rose. Nada mas verla, me quedé en blanco.

-Hola, cariño- Me dijo

-Hola

-¿Cómo estás? Manuel me tienes preocupada...

Se lo expliqué todo. A veces me fallaba la voz, sobretodo cuando le miraba a los ojos. Al final me di la vuelta y me dispuse a irme, pero ella me agarró de un brazo.

-No me importa... Yo te quiero a ti, y yo se que tu me quieres a mi

-Pero lo que...

-¡Me importa una mierda lo que pasase! ¿Vale? Estoy contigo, y tu conmigo...

Pero a los dos días, Rose cortó conmigo, sin darme ninguna explicación. Y ya no volvió a llamarme Manuel nunca más...

Cuando subí al tejado, Rose estaba mirando la basta ciudad que ante ella se alzaba. Tenía un cigarrillo en su boca, pero no estaba encendido. Vacilé un poco pero me acerqué a ella y le posé la mano en un hombro con delicadeza.

-Manuel...

-¿Por que me llamas así?

-¿Como me vas a llamar tú?- Su pregunta me hizo dudar, pero tragué saliva y contesté

-Blanca- Susurrandole a un oido.

Rose tiró el cigarrillo al suelo y lo desmenuzó con el pie, se giró hacia mi y acercó su boca a la mía. Solo las separaban milímetros. Y entonces lo dijo

-Llámame por mi nombre

-Blanca

Y me besó. Hacía años que no nos besábamos, pero por fin todo volvería a ser como antes. Yo ya me perdoné lo que había hecho. Comprendí que las cosas no tienen la importancia que tienen, sino la que aquellos que las vivimos le queramos dar. Rose nunca le dió importancia, pero yo demasiada, y eso causó su perdición. Pero al final pude salvarla, pero para ello primero tuve que salvarme a mi mismo.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Red Bourbon (12)

XII.

¿Cuanto tardas en fumarte un cigarrillo? ¿Dos, quizás tres minutos? Es poco tiempo, pero el tiempo no se puede calificar como “mucho” o “poco”, por que en tres minutos pueden ocurrir muchas cosas: pueden morir miles de personas, puede engendrarse una vida, puede una persona dar sus primeras bocanadas de aire, decir sus primeras palabras. E incluso puede cambiar toda una vida.

-Sí, mama, Londres está muy bien. Sí, Sí, te estoy comprando muchos regalos. Nos veremos la semana que viene, te quiero mamá.

Cuando salí de mi habitación, Ash acababa de colgar el movil y seguía comiendo un gran bol de palomitas que se había preparado en el microondas de mi apartamento.

-Pensé que eras londinense, hablas muy bien el inglés

-Pero ahora hablo en español, ¿no?

-Entonces no te llamas Ashley

-No te dije Ashley, te dije Ash.

Sin sentarme, metí la mano en mi bolsillo y saqué un filtro. Ash me extendió un cigarro, ya liado, hecho por ella.

-Es Domingo, mentolado, es una buena marca

No dije nada y cogí el cigarro, me lo encendí y me fui a la cocina. Eché dos hielos en un vaso y los cubrí de bourbon. Di una calada al cigarrillo y después me bebí todo el vaso de un trago.

-Escucha, Ash, Tengo que salir a hacer cosas.

-Pensaba que te gustaba quedarte en casa tocando tu guitarra

-Mi Les Paul, y además, nunca te he dicho tal cosa. Salí de la cocina y me senté en el sofá. Ella se levantó de la silla donde estaba, con el bol de palomitas, y se sentó a mi lado. Metió una de sus delicadas manos en el bol, sacó un buen puñado de palomitas y fue cogiendolas una por una con la lengua. Cuando ya se hubo tragado cinco o seis, me miró con una sonrisa

-Nada mas verte te calé, Jath. Eres el tipo de persona que habla con los demás tomando la iniciativa, sin dejarte achantar. Pero en realidad eres un niño pequeño en busca del abrazo de su madre.

-Mira...

-Has dado con la horma de tu zapato.

Cogió una palomita con la lengua y se la introdujo en la boca, pero no la masticó. Me miró, sonriente, dejo el resto de palomitas de su mano en el bol y me besó. Pasó la palomita a mi boca y se separó. La mastiqué y me la tragué y entonces ella volvió a besarme. Pero solo me besaba, ni siquiera se puso encima mío. Dirigí mi mano hacia si cintura y la introduje debajo de su camiseta, pero entonces ella agarró mi muñeca, se separó de mi y me guiñó un ojo.

Recordé, sin saber por qué, en ese instante mi infancia, mas concretamente una conversación que tuvimos en una ocasión cuando eramos niños, poco despues de conocernos, Ander, Rose y yo.

-Así que te acabas de mudar desde...- Dijo Rose, a quien por esa época aun llamabamos Blanca

-Valencia- Respondí, bonita ciudad, pero llena de mierda hasta los topes.

-Tanto Blanca como yo nacimos aquí- Dijo Ander- Nos conocemos desde que somos niños

-¿Y por qué coño no salís juntos?

Ander y Rose se miraron fijamente unos segundos. Yo los miraba de forma impasible, sin darme cuenta de lo que significaban en realidad mis palabras.

Ander me contó, un poco mas tarde, que a él siempre le había gustado Rose. Empezó a contarme, día tras día, como la había conocido, cuando aun eran muy pequeños, como habían pasado muchas cosas jutnos y como ahora, en ansias de la pubertad, no paraba de pensar cada noche en ella. Yo fingía no comprender esos sentimientos, pero yo había empezado a manifestarlos por mi cuenta.

Había una chica en nuestra clase, no era amiga ni de Ander ni de Rose, ni tampoco de Jimmy, el llegó el curso siguiente. Esa Chica era alta y muy guapa y desde el primer día me miraba por el rabillo del ojo. Yo de vez en cuando me percataba y cuando la miraba, ella me sonreía.

Poco después de que Ander hablase abiertamente conmigo por primera vez y que yo le dijese que me llamaba Jath, esa chica se animó a acercarse a mi. Yo estaba sentado en un banco, bebiendo de una botella de agua, mirando como los demás chavales del patio del instituto jugaban como locos a la pelota o fumaban porros allí donde los profesores no podían verlos. Esa imagen me hartaba, pero pronto algo impidió mi visión.

-Es un nombre curioso, ¿no crees?

Alcé la mirada y vi a aquella chica, mirándome a medio camino entre una sonrisa alegre y una sonrisa tímida, pero rebosando una tranquilidad y un carisma arrebatadores. En sus ojos me reflejaba, y yo se los miraba, pero no me veía a mi, veía todo lo que mas odiaba, todos esos sentimientos que aborrecía y que aún aborrezco.

-Y tu no tienes reparos en escuchar conversaciones ajenas, ¿no crees?

-No te lo tomes así... - Dijo, mientras se sentaba a mi lado. Yo me levanté y comencé a andar, pegando un trago de mi botella de agua.

-¿Estás bien?- Me dijo

En ese instante algo pasó en mi interior. Esas palabras no me las había dicho aun nadie, y aun quedaba para que Ander empezase a valorarme tanto como para preguntarme eso. Esa fue la primera vez que recuerdo que alguien se preocupase por mi, y eso me impactó. Así de infantil era, pero ahora soy peor.

Me giré, mirándola sorprendido, y ella se rió tontamente apenas un segundo. Ese gesto me cabreó y fruncí el ceño.

-Oye, ¿qué te resulta tan gracioso?

-No es nada, en serio, no te enfades... Me llamo Celia, encantada- Se levantó hacia mi, sonriendo, y me dio dos besos. Tocó el timbre y entramos en clase, andando los dos juntos. Durante el camino, la miré apenas unos segundos, ella estaba mirándome, y me sonreía.

-¿Solo vivís los del grupo en esta planta?- Me preguntó Ash, en la puerta, antes de irse. Yo estaba cabreado, cabreado o tímido, por lo que acababa de pasar. Efectivamente, ella era la horma de mi zapato.

-Bueno... dos puertas mas allá de la mía vive un director de cine novel creo... ah sí, y en la última puerta a la derecha del pasillo vive un escritor, también novato, creo que le están intentando publicar una novela, pero aún están con todo el papeleo...

-En fin, nos veremos antes de que vuelva a España- Y sin despedirse, se fue. Cuando pasó por la habitación de Jimmy, este abrió la puerta y Ash se chocó contra ella. Jimmy salió, muy arrepentido, y le pidió perdón. Yo sonreí ante aquella escena tan cómica, y les dejé hablando solos un rato. Entré, me senté en una silla, en la mesa grande , y seguí recordando.

Llevaba ya siete meses en ese instituto, estábamos en épocas de exámenes y todos estaban muy nerviosos. Faltaban dos días para mi cumpleaños y yo no tenía ilusión, ya ni lo celebraba. Ni siquera Ander sabía mi situación familiar, y creo que es algo de lo que no os voy a hablar, no es relevante, por que en mi casa yo solo me centraba en una cosa, en mi guitarra.

Ander me llamó para hablar nada mas tocó el timbre. Acabamos aquel examen de Inglés a la vez. Caminábamos uno al lado del otro, y el, sonrojado, me dijo:

-Le voy a pedir a Blanca, en cuanto salga de clase, que salgamos juntos.

-Ya era hora-Dije, sonriéndole. Ander y yo ya teníamos ese grado de confianza en el que con él me mostraba más “como era” que con los demás. Aun no había dado aquel cambio tan brusco que me hiciese ocultarme completamente.

-Bueno, ¿Y que haremos en tu cumpleaños?

-Nada, no suelo celebrarlo

-Vamos, no me toques los cojones, chaval, podríamos celebrarlo. Yo que sé, un cine, unos bolos...

-Ya veremos...

Bajábamos las escaleras cuando oímos una voz. Celia me llamaba, venía con Rose, pero solo era coincidencia, no iban juntas. Ander le dijo a Rose que se fuese con él, que quería que hablasen, y yo me quedé a solas con Celia en la escalera. Yo estaba unos peldaños mas abajo que ella, mirandola fijamente, más alta que yo en esos momentos, como un David moderno enfrentandose contra un Goliath de pechos turgentes, ojos profundos y unos labios por los que estaría dispuesto a matar.

-¿Qué tal te ha ido el examen?- Preguntó, o eso pensé yo, por que para mi sorpresa, esa pregunta la había formulado yo.

-Muy bien,- Dijo- ¿y a ti?

-Psé, ya veremos.

Celia comenzó a bajar las escaleras y yo también. Cuando los escalones se acabaron, me paré, me gire hacia ella y la esperé, cuando ella se puso a mi nivel pasó las manos por mi espalda, abrazándome. Nuestras bocas estaban muy juntas, notaba su respiración como si fuese la mía.

-¿No te parece una locura?- Me dijo

-¿El qué?

-¿Cuando te has enamorado tu de mi?- Continuó

-¿Y tu de mi?

No dijimos nada mas y nos besamos, ante la mirada indiscreta de alumbos y profesores que bajaban por la escalera. Recuerdo haberos dicho que perdí la virginidad antes de perder los quince años y en efecto así fue. Faltaban dfos días para mi cumpleaños, y al día siguiente de aquel beso tan encantador, con esos dientes tan poco separados con los que mi lengua se chocaba, símbolo de timidez que hacía que me derritiese, quedamos en mi casa y nos acostamos por primera vez.

Cuando bajé las escaleras, separado de Celia, quien se había quedado con unas amigas, giré una esquina y vi a Ander y a Rose besándose, como lo acabábamos de hacer Celia y yo. No se dieron cuenta de que yo estaba ahí, pero al pasar a su lado, sonreí para mi mismo.

Me dolía recordar, me apretaba con dureza la cabeza con las manos. Me dispuse a levantarme a por otro trago de bourbon, cuando vi, encima de la mesa, una bolsita hermética, la cual contenía un fino polvo blanco...